En el centro de las preocupaciones de muchos padres, la prensión del lápiz puede tardar varios años en volverse madura. Aunque no es raro que los niños tengan algunas dificultades, ciertas acciones pueden acompañar este aprendizaje. Y si no es suficiente, puede ser necesaria una evaluación en terapia ocupacional para proponer soluciones.
Las etapas en el desarrollo de la prensión del lápiz
Al contrario de lo que se suele pensar, la prensión del lápiz no se aprende, se desarrolla:
- Prensiones palmares antes de los 18 meses: el niño lo sujeta con todos los dedos y la palma de la mano está en contacto directo con el lápiz, lo que moviliza todo el brazo para garabatear o dibujar;
- Prensiones transitorias entre los 2 y los 4 años: el niño sostiene el lápiz más con los dedos, pero todavía utiliza todo el brazo para moverlo. Progresivamente, irá movilizando el antebrazo y la muñeca para mejorar su control y precisión;
- Prensiones maduras después de los 4 años: el niño empieza a sujetar el lápiz con 3-4 dedos, apoyándolo en el hueco formado entre el pulgar y el índice.
Los 4 tipos de prensiones maduras del lápiz
Al mejorar el control y el dinamismo del lápiz, las prensiones maduras permiten al niño dibujar y colorear con precisión y empezar a escribir. Se distinguen 4 prensiones válidas:
- El pulgar opuesto al índice y una sujeción del lápiz con 3 o 4 dedos: estas dos prensiones permiten aplicar menos fuerza sobre el lápiz, ofreciendo una prensión eficiente;
- El pulgar cruzado sobre el lápiz y una sujeción con 3 o 4 dedos: estas dos prensiones se consideran maduras, aunque esto puede significar que los músculos de la base del pulgar no son lo bastante fuertes, a menos que sean las articulaciones del pulgar las que carezcan de estabilidad.
La consulta a un terapeuta ocupacional es a veces necesaria
Mediante la imitación de gestos, la sujeción de distintos tipos de lápiz y las actividades de motricidad fina, el desarrollo de una prensión madura se produce de forma natural. Sin embargo, si el niño no lo sostiene de manera óptima en el momento de aprender las letras, puede ser útil consultar a un terapeuta ocupacional para que le muestre cómo hacerlo.
Si esta intervención no permite lograr el cambio deseado, el profesional puede realizar una evaluación para comprender qué elementos limitan su funcionamiento. Según los resultados obtenidos, podrá entonces recomendar las soluciones a implementar: intervenciones sobre la postura, la motricidad fina, los elementos que afectan a la legibilidad, una adaptación del material (guías de dedos, adaptadores…), o incluso el uso del ordenador para ciertas tareas…
No dudes en contactar con un terapeuta ocupacional para hablar del tema con él: en la plataforma Ora-Visio, nuestros profesionales están especializados en trastornos del aprendizaje. Por lo tanto, sabrán distinguir un simple retraso de una posible disgrafia.

