Según las observaciones de los grafoterapeutas, los niños que acuden a consulta presentan cada vez más dificultades para mover el pulgar, aunque los movimientos de prensión y oposición del pulgar se realizan correctamente. Repasamos el papel del pulgar en el aprendizaje de la escritura, su movilidad, así como los ejercicios destinados a trabajarla y desarrollarla.
La motricidad del pulgar en la escritura
A diferencia de los demás dedos de la mano, el pulgar cuenta con dos falanges, que se articulan con el primer metacarpiano. Los movimientos de flexión y extensión están asegurados por los músculos intrínsecos y extrínsecos de la mano, que permiten realizar gestos precisos.
Y es que la calidad de la escritura depende directamente del movimiento de los dedos: una vez que el lápiz se sujeta correctamente entre el pulgar y el dedo corazón, es la flexión del pulgar la que permite realizar los movimientos de arriba abajo sobre el papel. Combinada con el movimiento lateral del brazo, permite trazar las formas básicas de la escritura cursiva.
La muñeca, sobrecargada en los niños con dificultades
Cuando la motricidad de los dedos no está suficientemente desarrollada, la muñeca compensa esta carencia: la escritura muestra trazos de letras más grandes y menos precisos. Además, este movimiento es más lento y puede llegar a provocar dolor, que puede extenderse hasta el hombro.
En los bebés, el reflejo de prensión influye en el desarrollo de la coordinación motora global de la mano, de la prensión y del sostén de objetos como el lápiz. Si este reflejo arcaico no se integra correctamente, puede afectar al gesto de la escritura, generando tensión o lentitud. Como una piedra en el zapato, que no impide caminar, pero que obliga a buscar alternativas poco satisfactorias, o incluso incómodas.
Los ejercicios de los grafoterapeutas
En caso de dificultades en la escritura, la evaluación grafomotora puede identificar los aspectos a trabajar. A modo orientativo, tu hijo tiene una buena movilidad del pulgar si la yema del pulgar toca el lápiz, si el pulgar se mueve al escribir mientras la muñeca permanece en reposo, y si la escritura es suficientemente pequeña y el trazo, limpio y sin temblores.
Si alguno de estos puntos no está dominado, ya se trate o no de disgrafía, los grafoterapeutas recomiendan pequeños ejercicios para tonificar los músculos de los dedos. El objetivo es ayudar a integrar el reflejo de grasping (prensión) que aún no está consolidado. Estas actividades de motricidad fina pueden ser: la plastilina, arrugar papel, juegos de canicas, tiras de plástico para trenzar, etc.
Por supuesto, para una evaluación más precisa y personalizada de las dificultades de tu hijo, no dudes en ponerte en contacto con un grafoterapeuta de la plataforma Ora-Visio: aunque están especializados en trastornos DYS como la disgrafía, también ayudan a niños sin trastornos del aprendizaje a superar sus dificultades con la escritura.

