Los niños con dispraxia tienen dificultades para realizar ciertos gestos y actividades voluntarias. Afectando al 5 % al 7 % de los niños de 5 a 11 años, este trastorno del aprendizaje es el resultado de un mal funcionamiento en la zona del cerebro que controla la motricidad. Para aprender a compensar estas dificultades, pueden recurrir a un terapeuta ocupacional. Analizamos su papel, su abordaje de la dispraxia y sus diferencias con un psicomotricista.

¿Cuál es el papel de un terapeuta ocupacional frente a la dispraxia?

Profesional sanitario paramédico, el terapeuta ocupacional comenzará por recoger y analizar las necesidades de un niño con dispraxia, haciéndole realizar varias pruebas situacionales.

Tras elaborar su evaluación, podrá proponer un plan de acompañamiento personalizado. El terapeuta ocupacional puede recurrir al enfoque «bottom-up», trabajando sobre las habilidades del niño para mejorar su rendimiento, o al enfoque «top-down», para encontrar estrategias que favorezcan el éxito del niño con dispraxia. Por ejemplo, en el primer caso, podrá reforzar su equilibrio y su fuerza muscular y, en el segundo, descomponer un gesto problemático para conseguir dominarlo.

Mediante medios compensatorios o alternativos, el terapeuta ocupacional mejora la vida diaria del niño con dispraxia: para ello, podrá recomendar ayudas técnicas o material adaptado. Por ejemplo, el profesional podrá recomendar el uso de un ordenador en la escuela para favorecer la autonomía en la toma de apuntes.

Dato de interés: el terapeuta ocupacional no está cubierto por la Seguridad Social francesa, pero puede beneficiarse de una partida de su mutua. En su defecto, puede solicitar la AEEH (prestación francesa de educación para niños con discapacidad) ante la MDPH (organismo departamental francés para personas con discapacidad) de su departamento.

¿Cuál es la diferencia con un psicomotricista?

El psicomotricista centra su acción en la motricidad global del niño con dispraxia, interviniendo en su equilibrio, coordinación, postura y tono muscular.

Este eterno «torpe» también desarrolla una gran ansiedad, sufriendo rápidamente una baja autoestima: con un amplio campo de acción, el psicomotricista puede realizar reeducaciones en sus distintos niveles. Por ejemplo, trabajará la confianza y desarrollará el sentimiento de seguridad para animar al niño en sus aprendizajes, mostrando el valor del esfuerzo…

Un psicomotricista centra su trabajo en la vivencia psicocorporal del niño con dispraxia (autoestima, memoria…) mientras que un terapeuta ocupacional busca adaptar el entorno a sus competencias motrices y cognitivas. Pero ambos profesionales comparten el mismo objetivo: favorecer el bienestar del niño.

 

Enfoques complementarios, es perfectamente posible recurrir tanto a un terapeuta ocupacional como a un psicomotricista, pero habrá que evitar superar las 3 horas de reeducación por semana, para no agotar al niño con dispraxia. Para respetar este límite, es posible alternar su atención, siempre que ambos especialistas estén de acuerdo.