Invisibles y duraderos, los trastornos del aprendizaje no responden a un déficit intelectual (todo lo contrario), pero es necesario trabajar cuanto antes para compensar las dificultades que generan. Para ello, se puede recurrir a varios profesionales: el logopeda, el psicólogo, el optometrista o el terapeuta ocupacional. Al mismo tiempo, los padres pueden acudir a un coach para descubrir cómo acompañar a su hijo en la gestión de sus dificultades.
La escucha empática del coach
Al contrario de lo que se suele pensar, los trastornos del aprendizaje aparecen en niños con un cociente intelectual elevado. Dicho de otro modo, estos niños son perfectamente capaces de tener éxito en la escuela, siempre que esta aprenda a adaptarse a sus necesidades y a valorar mejor las diferentes formas de inteligencia…
A pesar de esta realidad, la primera reacción de los padres ante los trastornos DYS sigue siendo, hoy en día, la negación. Al no aceptar esta realidad, tardan en iniciar los trámites para obtener un diagnóstico claro. Profundamente entristecidos, sufren por esta diferencia, hiriendo con su actitud a su hijo, que inevitablemente se siente responsable de estos sentimientos.
El papel del coach es ofrecer a los padres una escucha empática, antes de invitarles a replantear sus expectativas respecto a su hijo. Aquí son sus esperanzas y sus sueños truncados los que les desbordan: deben aprender a hacer el duelo del hijo perfecto… Después podrán poner esta situación en mejor perspectiva: a cada trastorno, sus dificultades, sus adaptaciones y sus soluciones…
El acompañamiento de los padres en la escolaridad del niño
A menudo angustiados ante las dificultades de aprendizaje de su hijo, los padres les dedican mucho tiempo y energía, llegando incluso a gritarles sus frustraciones… Aquí, el coach puede ayudarles a romper esta espiral infernal, alimentada por el miedo a que su hijo malogre su vida, cuando este, por su parte, teme el fracaso.
El profesional enseña a los padres a controlar su enfado y a desarrollar habilidades de comunicación para intervenir sin gritos ni violencia. Por ejemplo, aprenden a sustituir frases como «Me estás agotando» por «Ya no me quedan fuerzas, ¿puedes ayudarme a avanzar?». El tono acusador desaparece y el uso de la primera persona les convierte en parte activa del intercambio…
Recuerda, un niño DYS es capaz de aprender, pero simplemente lo hace de forma diferente a otro: la regla es preservar el disfrute para conservar su motivación. Tener un trastorno del aprendizaje (dislexia, discalculia, disortografía…) no es una fatalidad.
Padres, jugáis un papel importante en la escolaridad de vuestro hijo: no dudéis en buscar el acompañamiento de un coach para beneficiaros de sus claves y ser un verdadero apoyo frente a sus dificultades. Ponte en contacto con uno de los profesionales de la plataforma Ora-Visio para hacerte una primera idea de lo que puede aportarte.

