Tradicionalmente, se recurre a un grafoterapeuta a partir de Grande Section, en caso de dificultades con la escritura manuscrita, tanto en el trazado (sentido, proporción, modo de enlace…) como en el gesto (mala sujeción del lápiz…), lo que da lugar a una escritura poco legible o simplemente lenta. Antes de cualquier reeducación, el profesional realiza un bilan (evaluación) grafomotor, compuesto por la anamnesis y diferentes pruebas…
Primera etapa: la anamnesis
En grafoterapia, la anamnesis se refiere a las conversaciones con el niño (y sus padres), con el fin de recopilar el máximo de información posible sobre su trayectoria, tanto personal como escolar. Gracias a esta entrevista, el profesional debe poder comprender el motivo de la consulta. En este sentido, se recomienda encarecidamente aportar las diferentes evaluaciones ya realizadas, como la de un logopeda o un psicólogo. Tradicionalmente, esta etapa, esencial para el diagnóstico, dura alrededor de 30 minutos en el caso de menores de edad.
Segunda etapa: las pruebas grafomotoras
La evaluación grafomotora continúa con la realización de una serie de pruebas, con el fin de elaborar un plan de reeducación personalizado, directamente relacionado con las dificultades específicas del niño. Generalmente duran alrededor de 1 hora y 30 minutos: prueba de grafismo, de velocidad, de tonicidad de la mano y motricidad fina, de orientación espacial y temporal, de equilibrio, de postura y sujeción del lápiz, prueba visual, de lectura, de dibujo, de precisión y presión, o también de producciones numéricas y geometría.
Todos estos ejercicios tienen como objetivo evaluar su conocimiento de las letras y los números, su dominio de las formas, la eficacia de su visión, su coordinación derecha-izquierda, la activación simultánea de los dos hemisferios del cerebro, su relación con la escritura, pero también su postura, su sujeción del lápiz, su actitud general y su nivel de escritura en comparación con la media de otros niños de su edad.
Tercera etapa: la evaluación de la edad grafomotora
Por último, la evaluación grafomotora finaliza con el análisis de los resultados de estas diferentes pruebas, con el fin de determinar la edad grafomotora del niño: se calcula a partir de la escala de disgrafía del Doctor Julian de Ajuriaguerra, que recoge 30 ítems para situar el nivel gráfico de los niños de entre 6 y 12 años.
Generalmente, se envía un informe a la familia en un plazo de 15 días, entregado por vía electrónica o en persona durante una cita.
Este documento de análisis permite establecer un plan de reeducación personalizado, que incluye, si procede, una derivación a otro especialista (optometrista, logopeda, terapeuta ocupacional…). Generalmente establecidas entre 5 y 20, las sesiones se adaptan en función de la edad del niño y de sus progresos.
¿Por qué es necesario diagnosticar la deficiencia gráfica?
Un problema de escritura es siempre la expresión de un síntoma: por ello, se recomienda encarecidamente un diagnóstico lo más precoz posible. Puede poner de manifiesto problemas de visión (convergencia, coordinación óculo-manual…), un Trastorno por Déficit de Atención con o sin hiperactividad (TDAH) o un trastorno DYS (dislexia, dispraxia, discalculia, disortografía…). Cabe señalar que los niños de altas capacidades (HPI) suelen tener importantes dificultades de escritura.
Aquí, la evaluación grafomotora permite arrojar luz sobre los orígenes de las dificultades de escritura y aportar la respuesta más adecuada.

