Su hijo es brillante, creativo, apasionado y lleno de amor. Sin embargo, a veces se siente agotado por su comportamiento. Tiene que vigilarlo sin descanso. Ninguna actividad transcurre con calma y de principio a fin. Con su TDAH, su hijo adopta actitudes provocadoras y a veces da la impresión de estar maleducado. En definitiva, a pesar de su seguimiento logopédico y psicológico, ya no logra gestionar la situación. No existe un botón de apagado, pero la buena noticia es que hay recursos de emergencia. Un memorándum de buenas prácticas para adoptar con un hijo con TDAH tan agotador como maravilloso.
Cuidar de su propio bienestar
Es importante aliviar sus propias frustraciones anotando todos los comportamientos que perjudican su bienestar y la armonía familiar. Escribirlos es un primer paso para estructurar las adaptaciones que hay que poner en marcha. Después podrá usar esta lista para crear un cuadro o un cartel con las normas de convivencia.
Proceso de creación de la norma:
- Nombrar el comportamiento que le molesta
- Describirlo en pocas palabras
- Imaginar la actitud que le gustaría que su hijo adoptara
- Deducir de ahí una única norma sencilla y clara que le corresponda
Lo ideal es elegir únicamente palabras positivas al redactar estas normas. «No grites en la mesa» se convertirá en «Hay que hablar con calma en la mesa».
Después, habrá que hablarlo con el niño sin hacerle reproches. Se trata únicamente de conocer lo que siente y de conseguir su colaboración. A continuación, coloque cada norma de convivencia en la casa con colores y soportes visuales sencillos. Esta especie de carta permite definir lo que está permitido y lo que está prohibido.
Preservar el equilibrio familiar
Explicar y hablar del trastorno con todos los miembros de la casa, comentarlo con los hermanos, para que cada uno pueda expresar sus dudas, sus preocupaciones o su enfado.
Cuando no se respete una de las normas, recordársela de inmediato y pedirle al niño que la repita con sus propias palabras. A continuación, un diálogo permitirá definir los aspectos a mejorar para que esa norma no se vuelva a incumplir. Aproveche para recordarle que ya ha logrado cumplir esa norma antes, para que sienta que es capaz de conseguirlo de nuevo.
«¿Te acuerdas de cuando fuimos de compras y estuviste tranquilo todo el rato mientras yo compraba? Fue muy agradable. Seguro que puedes volver a conseguirlo».
El castigo nunca es una solución eficaz a medio ni a largo plazo. Solo genera enfado y resentimiento.
Establecer rutinas diarias que se deben respetar: la hora de las comidas, la hora de los deberes y la hora de acostarse son la base de un estilo de vida regular y tranquilizador para el niño con TDAH. Estas referencias sencillas, pero fijas, establecen un buen ritmo que todos deben respetar, ¡incluidos los padres!
Tenga presente que su hijo necesita sentirse querido, respetado y seguro. El miedo a las represalias genera frustración y perjudica tanto la comunicación como la autoestima.
Ofrecer un entorno sereno
Dividir las actividades en varias tareas pequeñas para que el niño no se desanime, no pierda la paciencia y termine lo que empieza.
Mantenerse firme, poner límites y respetarlos. Si se siente tentado a renunciar a una de sus exigencias, es mejor no formularla en absoluto. El niño con TDAH se siente tranquilizado por los marcos estrictos.
Formular sus peticiones de forma clara y no dudar en repetirlas si es necesario.
Ser constante en sus exigencias y en su tolerancia para no desestabilizar al niño.
Saber que los castigos no tienen ningún efecto sobre el niño hiperactivo. La autoridad parental tampoco es un recurso eficaz.
Cada noche, el ambiente debe ser tranquilo y cálido, sean cuales sean las crisis y el comportamiento de su hijo durante el día. ¡Nunca se despidan estando enfadados!
Gestionar las crisis del TDAH
La solución de urgencia inmediata:
- Aislar a su hijo en un entorno tranquilo (habitación, probador en los centros comerciales, aseos en lugares públicos…).
- Mantenerlo entre sus brazos, como si le diera un abrazo (si esto no aumenta su enfado).
La solución constructiva a medio y largo plazo: crear un calendario del comportamiento y una agenda de las crisis.
- Este método ayuda al niño a identificar y valorar su propio comportamiento. Deja de depender de la mirada del adulto y retoma el diálogo cada noche con sus padres durante esta evaluación.
- Por la noche, siéntese con el niño para que anote sus crisis del día, del 1 al 10, según su intensidad y su duración.
- También se asignará una nota global por su comportamiento durante el día, del 1 al 10, que anotará en un calendario específico.
- Cada día, el padre o la madre pondrá entre 0 y 3 pegatinas positivas en este calendario, en función de los esfuerzos realizados por el niño para gestionar sus crisis y mejorar su comportamiento.
- No hacer nunca comentarios negativos ni volver sobre hechos del día que señalen un mal comportamiento del niño. Mantenerse neutro al anunciar un día sin pegatina.
Ejemplo de agenda

- Definir con él las distintas recompensas a las que podrá optar a final de semana (los niños con TDAH tienen poca paciencia) en función del número de pegatinas obtenidas. (10 pegatinas = una pequeña recompensa, 15 = una recompensa media, 20 o más = una gran recompensa)
Además de favorecer su confianza en sí mismo, este sistema de pegatinas acumulables trabaja también su capacidad para ser paciente. Es preferible elegir recompensas en forma de tiempo de calidad en lugar de compras, regalos o juguetes. Por un lado, para limitar los gastos, y por otro, para no asociar el hecho de comprar con una sensación positiva intensa. Una buena película en familia, invitar a un amigo a casa o preparar su pastel favorito con uno de los padres son recompensas más adecuadas.
Restaurar su autoestima
Compensar las reprimendas y llamadas de atención frecuentes con la misma cantidad de elogios, en cuanto surja la ocasión: una bonita creación, un gesto amable hacia un compañero, ayudar a recoger la mesa, un logro deportivo, son otras tantas ocasiones para felicitar al niño.
Familiarizarlo con el humor. ¡Mejor reírse de ello! Enséñele a reírse de sí mismo para que sepa burlarse de sus propios excesos. «¡Hoy hablas muy alto! ¿Has envejecido de golpe durante la noche para estar tan sordo? ¡Pobrecito! Voy a avisar al colegio de que a partir de ahora irás a una residencia de ancianos».
Evitar las reprimendas negativas, reformular las órdenes para conseguir su colaboración:
«¡Deja de moverte!» se reformulará como «En casa hay que estar tranquilos». ¡La benevolencia es la aliada de los padres de un niño con TDAH!
Recuperar el gusto por aprender
Facilitar la vida en la escuela y recuperar el placer de aprender empieza por un diálogo con los profesores. Al informarles sobre la naturaleza del trastorno de su hijo, favorece una verdadera atención en clase. Se han identificado numerosas adaptaciones para tratar el TDAH en clase.
Canalizar este exceso de energía a través del deporte. Frente al desahogo incontrolado que representan las actividades individuales como la bicicleta o los patines, los deportes basados en normas y autocontrol, como el judo, el kárate, el taekwondo o la esgrima, son excelentes catalizadores de energía y factores de socialización.
De un día cualquiera, recordará a menudo los momentos de crisis y las situaciones incontrolables. Sin embargo, ese mismo día, su hijo habrá sonreído un número incontable de veces, le habrá dado un abrazo, habrá jugado sin preocuparse de su trastorno y le habrá hecho una creación de papel o de plastilina. Aunque conviva con el TDAH, sigue siendo una fuente inagotable de felicidad.
¿Y si llevara usted también su propio calendario de los buenos momentos?

