Confinamiento, coronavirus, escuela en casa, medidas de protección, crisis sanitaria… nuevos términos entraron en el vocabulario de los niños desde febrero de 2020. Si bien se ha prestado mucha atención a la angustia y el estrés vividos por los adultos, pocos estudios se han dedicado a medir el impacto de la Covid-19 en la salud mental de los niños. Sin embargo, la comunidad médica coincide en señalar la preocupante situación de numerosos niños afectados indirectamente por este virus. ¿Cuáles son los retos de esta crisis sanitaria para los más pequeños y los adolescentes? ¿Cómo detectar su impacto y ayudar a nuestros hijos a vivir mejor este periodo tan difícil?
¿Por qué hay que preocuparse por el estado psicológico de los niños durante esta crisis sanitaria?
Porque todos hemos actuado con urgencia y, ante una situación inédita, hemos avanzado día a día, es hora de fijarnos en los daños colaterales del coronavirus. ¿Habremos abandonado a nuestros pequeños sin darnos cuenta? Basta de culpabilidad.
La realidad es que hemos acumulado un fuerte estrés. A nuestro cerebro no le gusta lo desconocido; es un mecanismo primario que garantiza nuestra seguridad. Desde 2020, atravesamos una dura prueba psicológica. Dicho de forma sencilla: no sabemos de qué estará hecho el mañana.
«Hubo un momento en que los adultos olvidamos que teníamos hijos. Dejamos un poco a los pequeños delante de las pantallas o haciendo sus deberes de forma autónoma. Y nos ocupamos poco de su estado emocional. Los estudios son muy preocupantes, ya que indican que, sea cual sea la edad entre los 4 y los 15 años, un tercio de los niños están ansiosos o algo deprimidos.»
Richard Delorme, pedopsiquiatra,
jefe del servicio de pedopsiquiatría del hospital Robert-Debré
Esta gestión de la crisis, con tan poco margen de maniobra, genera una verdadera angustia en los adultos. En consecuencia, los niños absorben este estrés. A diferencia de nosotros, ellos lo exteriorizan poco o nada. Cuando los padres salen a correr, hacen la compra o van a trabajar para desahogarse, los más pequeños no tienen esa libertad. Absorben la inquietud, intangible y constante, de quienes los rodean.
Los sucesivos confinamientos, el cierre de las escuelas y, entretanto, el miedo al contagio han provocado un drástico aislamiento social. Abuelos, tías, tíos, pero también amigos y vecinos, se han mantenido alejados del hogar para evitar contagios. Este aislamiento frena el desarrollo social del niño. Incluso en periodos de desconfinamiento, la gran mayoría de las actividades extraescolares siguen estando prohibidas. Sin embargo, practicar una actividad artística, deportiva o lúdica es fundamental para su desarrollo y su equilibrio.
«Estoy preocupado por mi padre, que trabaja en una tienda de temporada. […] Tengo miedo por mi familia, donde hay personas con insuficiencia respiratoria. No consigo dormir, a veces lloro, no consigo concentrarme. Tengo miedo de una segunda ola. Tengo miedo de contagiarme de coronavirus.»
Amaury, 12 años, joven oyente de France Inter
¿Se libran nuestros adolescentes? En absoluto. Los jóvenes, alejados de sus amigos y de sus actividades habituales, sufren de lleno una soledad perjudicial. Esta genera una imagen negativa de sí mismos y/o de la sociedad. Ser estudiante significa experimentar la autonomía, descubrir la vida por uno mismo, construirse poco a poco lejos del entorno familiar. Sin embargo, confinados en su habitación de estudiantes o encerrados en casa con clases a distancia, nuestros jóvenes sufren una fuerte ralentización de ese proceso de emancipación. El distanciamiento y el aislamiento pesan considerablemente en su desarrollo social y afectivo.
¿Cuáles son los signos que reflejan la angustia y el estrés por el coronavirus en el niño?
Los síntomas varían según la edad, pero también según la personalidad. Suelen observarse trastornos del sueño, cambios en la alimentación y angustia, pero a veces los signos son menos perceptibles.
En los niños de 0 a 6 años
Los bebés no son capaces de verbalizar ni comprender claramente los trastornos que sufren las personas de su entorno. Sin embargo, perciben con gran sensibilidad la agitación que afecta a quienes los cuidan. Las manifestaciones pueden adoptar diferentes formas, en particular:
- Falta de ganas de jugar
- Llanto inexplicado
- Rechazo del contacto con otras personas
- Necesidad permanente de estar con sus padres para evitar quedarse solos
- Pesadillas
- Trastornos alimentarios
- Una aparente regresión en su madurez
- Irritabilidad
En los niños de 6 a 12 años
Aunque son capaces de verbalizar y expresar sus angustias, los niños y preadolescentes pueden interiorizar el malestar generado por los peligros del coronavirus. Las medidas de protección se comprenden y aplican con facilidad, pero a veces tienden a volverse obsesivas y a transformarse en comportamientos compulsivos. Cabe destacar los siguientes signos:
- Una actitud irritable, agresiva
- Trastornos del sueño, acompañados o no de pesadillas
- Alteración del apetito
- Diversas molestias inexplicadas, como dolores de cabeza, dolores de estómago…
- La búsqueda de la atención de los padres
- Dificultades de concentración
- La pérdida de interés en general.
En adolescentes y estudiantes
Esta generación ya no logra proyectarse de forma positiva en este futuro incierto que les asusta. Estos jóvenes sienten a veces que su futuro está comprometido. De ahí surge un rechazo hacia el mundo exterior. Esta desconfianza y este repliegue sobre sí mismos son aún más peligrosos, porque desencadenan una búsqueda de respuestas mal gestionada. Estas respuestas, por desgracia, se buscan en internet y, en particular, en las redes sociales, donde circulan abundantes bulos y noticias falsas. En cuanto a los síntomas, pueden aparecer:
- Dolores psicosomáticos (cefaleas, dolores abdominales, eczema…)
- Trastornos del comportamiento (apatía o agitación, ira…)
- Dificultades de concentración
- Aislamiento y repliegue sobre sí mismos
- Alteraciones del sueño y de la alimentación
¿Cómo ayudar a su hijo angustiado por el coronavirus?
Varias precauciones le permitirán restablecer el equilibrio emocional y el bienestar de su hijo durante esta crisis sanitaria. De forma general, para su propio ánimo y el de su familia, limite la difusión o la exposición a las noticias. El número de contagiados, los récords de mortalidad y otras imágenes de enfermos en camas de hospital resultan angustiantes para todo el mundo. Elegir una fuente de información fiable, que se consulte 2 o 3 veces por semana durante un tiempo limitado, es más que suficiente.
Para los más pequeños, el gobierno y la OMS recomiendan mantener o establecer una rutina tranquilizadora. La hora de las comidas, la repetición de actividades lúdicas o educativas o la hora de acostarse deben constituir puntos de referencia sólidos en un contexto en el que todo ha cambiado de la noche a la mañana.
Como habrá notado, sea cual sea su edad, los niños tienden a «pegarse» a sus padres durante este periodo. Aprovéchelo para dedicarles franjas horarias reales y regulares de actividad en familia. Tareas domésticas, cocina, limpieza, pero también juegos y creaciones diversas son bienvenidos. La idea es mostrarle que no es solo un objeto que sufre el mundo, sino que es capaz de crear y actuar.
También es importante garantizar una buena comunicación, proponiéndole hablar sin forzarlo. Esto le permitirá dar respuestas justas y sencillas, después de asegurarse de lo que ya sabe. No dude en verbalizar de forma sencilla y sin exagerar sus propias preocupaciones; esto le ayudará a comprender y aceptar mejor las suyas.
Al hablar del riesgo de que pueda contagiarse de Covid-19, conseguirá quitarle dramatismo a la situación. Es la ocasión para explicarle que probablemente tendrá pocos síntomas o ninguno, y que existen tratamientos adecuados. Se alegrará al saber que, dada su edad, no corre ningún riesgo grave.
Indispensable tanto para nuestros hijos como para nosotros, es necesario mantener una actividad social a distancia mediante el teléfono y, sobre todo, la videollamada: Zoom, WhatsApp o FaceTime son soluciones gratuitas que permiten mantener el contacto con amigos y familiares.
Estamos estresados, tensos y divididos entre el deseo de cubrir todas las necesidades familiares y laborales y el de reservarnos también momentos de descanso y libertad. En este contexto inédito, no olvidemos elevar nuestro umbral de tolerancia y mostrar paciencia con nuestros hijos y adolescentes. Esto también es válido para las medidas de protección: evitemos hacer sentir culpables a los jóvenes que no hayan respetado alguna. Este tipo de temor se ha desarrollado con frecuencia en los niños desde la Covid-19.
¿Y si le añadimos algo de alegría a esta rutina tan pesada? Una comida temática (todos los alimentos del mismo color, un ambiente tropical, alimentos con truco visual…), un día en el que padres e hijos intercambien sus roles, un selfi familiar haciendo muecas… Son momentos sencillos y divertidos que tranquilizarán a los niños. ¡Se puede disfrutar y reír incluso en tiempos de pandemia!
Para nuestros adolescentes, es fundamental animarlos a actuar, a crear proyectos, a implicarse en una actividad. Es una forma de evitar o salir de la pasividad y de esa situación en la que solo esperan los anuncios del gobierno. Al movilizarse en torno a un proyecto, estarán en acción, avanzando hacia un objetivo constructivo. Esto es un excelente impulso para la confianza en sí mismos y en el futuro.
El tiempo frente a las pantallas ya no es un tema de actualidad desde que existen las clases a distancia, los exámenes en línea y las videollamadas con familiares y amigos a través de Zoom y otras aplicaciones. Sin embargo, debemos seguir de cerca las fuentes de información que utilizan nuestros adolescentes para mantenerse al día de la actualidad. Más que nunca, los rumores falsos, las noticias falsas y los movimientos de pensamiento extremista proliferan en internet y se apoderan de oyentes desorientados por la crisis sanitaria. Tenemos un papel importante que desempeñar ante este público joven. El documental «El dilema de las redes sociales» en Netflix es un buen punto de partida para abrir el debate sobre las redes sociales, en particular.
Participe en los talleres para padres sobre el uso de pantallas, organizados por la asociación Dys-Positif: www.dys-positif.fr
Si, a pesar de estas medidas, persiste alguna duda y observa un posible malestar en su hijo, le invitamos a ponerse en contacto con su médico de cabecera o con un profesional de la salud, como un psicólogo infantil. La plataforma de teleconsulta a distancia ORA pone a su disposición logopedas, profesores de apoyo escolar y psicólogos infantiles por videollamada. Generalmente, bastan unas pocas sesiones, desde su domicilio, en el día y a la hora que más le convenga, para restablecer un equilibrio debilitado por las circunstancias actuales.

