El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad es una patología multifactorial que afecta a entre el 3 y el 5 % de los niños en edad escolar.
A partir de ahí, surgen varias preguntas:
⇨ ¿es un trastorno constitucional?
⇨ ¿es un trastorno secundario y reactivo?
- Si los síntomas están presentes en cualquier contexto (familiar, escolar…) y desde siempre: se trata de un trastorno constitucional y se orienta hacia un TDAH.
- Si los síntomas son intermitentes y/o de aparición reciente: se trata de un trastorno secundario, situacional. Mediante su hiperactividad, el niño estaría reaccionando ante una situación que no le conviene (exigencias demasiado altas en la escuela, aburrimiento escolar (¿altas capacidades?), trastornos del aprendizaje (¿dislexia, dispraxia?)
El diagnóstico
El diagnóstico se basa en:
- Una entrevista con los padres
Síntomas examinados: dificultades de concentración, impulsividad, agitación psicomotriz, baja autoestima, labilidad emocional, ira, irritabilidad, antecedentes familiares de hiperactividad.
- Una entrevista con el niño
Evaluación del impacto del trastorno (malestar, ¿niño en situación de fracaso, que se siente víctima?); la observación en situación, que permite aprender a escuchar y a observar, constituye una gran ayuda para el diagnóstico.
- Información de terceros
Diversos informes de exámenes, cartilla de salud
- Distintos exámenes
Examen psicológico (WISC…): para poner de relieve las capacidades del niño, pero también sus fragilidades
Examen logopédico: para explorar las distintas vertientes de la comunicación y el lenguaje (expresivo y receptivo), la fonología, el vocabulario, las praxias buco-faciales, la morfosintaxis, pero también la memoria auditivo-verbal
Examen ortóptico: para evaluar la coordinación visuoespacial, los movimientos de seguimiento y los sacádicos oculares
Examen neuropsicológico: para explorar funciones cognitivas específicas (funciones ejecutivas, memoria de trabajo, atención, inhibición…)
Los síntomas
→ Falta de atención
- No consigue prestar atención a los detalles, comete errores por descuido en los deberes escolares
- Dificultades para mantener la atención en el trabajo o en los juegos
- Parece no escuchar cuando se le habla
- No sigue las instrucciones ni llega a terminar los deberes escolares (sin que se deba a un comportamiento de oposición)
- Dificultades para organizarse en sus actividades
- Pierde a menudo el material necesario para su trabajo o sus actividades
- Se distrae fácilmente con estímulos externos
- Numerosos olvidos en la vida cotidiana
→ Impulsividad
- Dificultades para esperar su turno
- Interrumpe a menudo a los demás
- Responde a una pregunta antes incluso de que haya terminado de formularse
→ Hiperactividad
- A menudo actúa como si tuviera «un motor por dentro»
- Se levanta a menudo en clase o en otras situaciones en las que se espera que el niño permanezca sentado
- Mueve a menudo las manos o los pies, se retuerce en la silla
El niño con TDAH y la escuela
La buena integración de un niño con TDAH es totalmente posible gracias a la puesta en marcha de una pedagogía diferenciada que implique a los padres en el seguimiento regular del trabajo escolar y en la gestión del comportamiento del niño. Esto requiere una estrecha colaboración entre el docente, el niño y los padres.
Es importante implicar a la escuela en el reconocimiento y la consideración de las necesidades específicas del niño con TDAH. Así, es necesario convencer, informar y apoyar al docente en la puesta en marcha de una pedagogía diferenciada adaptada al niño.
La relación debe basarse en la confianza recíproca y en una comunicación constructiva.
En este triángulo relacional, padres-niño-docente, el niño con TDAH encontrará el apoyo y las referencias necesarias para construir su identidad como alumno de pleno derecho, a pesar de sus dificultades y, en ocasiones, de su sufrimiento. Encontrará los recursos necesarios para implicarse y ser protagonista de sus propios aprendizajes.
Implicar a la dirección de la escuela para reconocer y mantener a largo plazo las necesidades particulares del niño con TDAH es esencial. En efecto, el director del centro es institucionalmente responsable de tener en cuenta a los alumnos con necesidades particulares. Para ello, cuenta con la autoridad para organizar equipos educativos (que él mismo preside) e invitar a todos los profesionales que puedan ayudar al niño con TDAH en su escolaridad.
Aspectos pedagógicos en el día a día
Guiar-Positivar-Sistematizar (método GPS)
Durante las rabietas, si las hay: aislar al niño en un lugar tranquilo, sujetarlo con cuidado pero con firmeza entre los brazos.
Si es posible, aprender a evitar las rabietas, aprender a desactivar el mecanismo que las desencadena. Ir tomando poco a poco distancia respecto a los acontecimientos que preceden a la rabieta y situar cuál será el desencadenante, para poder evitarlo o prevenirlo. Ayudar al niño a tomar conciencia de lo que le pone en ese estado.
Ser positivo y poner el acento en los comportamientos positivos. Hacer cumplidos, dar comentarios positivos, introducir humor en el discurso, enseñarle la autoironía (saber reírse de sus propios excesos).
Estructurar y poner en marcha rituales. Dividir el tiempo y las tareas (una sola petición cada vez).
Enseñarle a reflexionar antes de actuar, formular peticiones claras, poner límites. Ser constante y claro.
Presentar un frente común como pareja.

