Ya se trate de disgrafía (trastorno del grafismo), disortografía (trastorno de la ortografía de las palabras) y/o dislexia (trastorno de la lectura y la asimilación de las palabras), tu hijo puede encontrar las claves de su dificultad con un profesional de la escritura. Pero, ¿sabes cuál es la diferencia entre un grafólogo, un grafoterapeuta y un grafopedagogo? Solo dos de estos expertos pueden acompañar realmente a tu hijo en la gestión de sus trastornos, pero su forma de intervenir es totalmente distinta. Presentación de estas 3 profesiones.

El grafólogo deduce rasgos de personalidad a partir de la escritura

La función de un grafólogo es analizar la escritura manuscrita de una persona para poner de relieve los principales rasgos de su personalidad. Siguiendo un método riguroso (tamaño e inclinación de las letras, espacios entre letras y líneas, inclinación de la escritura, presión ejercida sobre el papel…), revela el carácter de una persona y su forma de pensar.

Hasta la fecha, no existe un título reconocido para esta profesión, aunque una formación de entre 3 y 5 años tras el bachillerato resulta indispensable para dar credibilidad a su intervención y su saber hacer.

El grafoterapeuta actúa sobre las causas de la disgrafía

Rama surgida de la grafología, el grafoterapeuta modifica conscientemente el gesto gráfico con el fin de producir los cambios inconscientes, pero necesarios, para mejorar el estado del paciente. ¿Sabías que entre el 10 y el 30 % de los niños en edad escolar tienen disgrafía? Aquí, el profesional puede ayudarle a sujetar mejor el bolígrafo y a mejorar su postura mediante ejercicios lúdicos. Tradicionalmente, la primera sesión se dedica a evaluar al paciente y a tomar contacto. Después, la terapia se traduce en sesiones semanales a lo largo de un periodo de 6 a 10 meses.

No dudes en solicitar una cita online con los grafoterapeutas de Ora-Visio: disponibles y atentos a las necesidades de tus hijos, aportan mayor flexibilidad a tu agenda, ofreciendo al mismo tiempo la misma eficacia que una consulta presencial.

El grafopedagogo automatiza el gesto de la escritura

Con un grafopedagogo, el niño DYS se beneficia de una reeducación de la escritura, con el fin de automatizar su gesto y reforzar su vínculo con el lenguaje. Postura general, forma de coger el lápiz, formación de las letras, velocidad de escritura, copia de textos, memorización… son otros tantos aspectos trabajados con el profesional para lograr esta transformación. En el día a día, esto puede traducirse en juegos que se repiten unos diez minutos al día.

A diferencia del grafoterapeuta, esta reeducación se apoya en un número limitado de sesiones, celebradas a intervalos regulares (aproximadamente cada 3 semanas), con el padre o la madre acompañante como parte activa en el éxito del trabajo.

Para los niños o adolescentes con disgrafía, disortografía y/o dislexia, recurrir a un grafoterapeuta o a un grafopedagogo permite, más allá del método utilizado y del tipo de tratamiento, mejorar la escritura manuscrita y ofrecer la comodidad de un enfoque sin dolor de este ejercicio para el paciente. En cualquier caso, solo un diagnóstico precoz y una verdadera conciencia del problema por parte del niño permiten superar estos trastornos, abriendo la puerta a una mayor confianza en sí mismo (y, en su caso, a un comportamiento escolar más adecuado).