Trastorno del aprendizaje de la lectura y la escritura, la dislexia aparece habitualmente en la infancia y la adolescencia. Aunque el abordaje depende de las particularidades de cada caso, varios especialistas pueden aportar soluciones propias. Más allá del logopeda, reconocido de forma unánime, el psicólogo, el ortoptista, el pedopsiquiatra y el terapeuta ocupacional también pueden acompañar al niño en la gestión de su trastorno.

El logopeda, en el centro del tratamiento de la dislexia

La reeducación logopédica es la piedra angular del tratamiento de este trastorno del aprendizaje: reconocida por las autoridades científicas, se articula en torno al entrenamiento de las capacidades fonológicas del niño, la reeducación de la lectura (con enfoques distintos a los que se practican en la escuela) y la puesta en marcha de estrategias de compensación para sortear las dificultades.

El enfoque psicológico, para acompañar al niño disléxico

Fuente de desánimo, la dislexia influye en el comportamiento del niño, especialmente en sociedad. Captando cómo se siente, el psicólogo o el neuropsicólogo buscan el origen del trastorno y utilizan juegos de rol para identificar las reacciones del niño en determinados contextos. Estos conocimientos les permiten después ayudarle a adaptar su comportamiento a la vida cotidiana.

Un pedopsiquiatra puede intervenir, por su parte, como intermediario entre la familia y el especialista que se encarga de la reeducación. Por un lado, explica los datos técnicos a los padres de forma sencilla; por otro, transmite al médico de cabecera las necesidades y expectativas formuladas por ellos. Si es necesario, puede consultar a otro profesional y priorizar los tratamientos.

El ortoptista, relevante para los trastornos neurovisuales

Especialista en los movimientos oculares, el ortoptista puede detectar trastornos de la percepción visual, una señal de alerta temprana de la dislexia. Más allá de ayudar al diagnóstico, puede organizar sus sesiones en torno a la coordinación ojo-mano, el control de los movimientos y el reconocimiento de letras, para desarrollar en el niño sus capacidades de convergencia (la sinergia de los movimientos de ambos ojos).

El psicomotricista, para trabajar la postura y la grafía

Con ejercicios adaptados a los niños disléxicos (relajación, juegos rítmicos, juegos de habilidad, pelotas, puzles…), el psicomotricista le ayuda a tomar conciencia de su cuerpo. Trabaja su postura para ofrecerle cierta estabilidad, tanto en movimiento como en reposo. Una postura estable reduce el gasto de energía y facilita la concentración. En la escritura, presta atención a la forma de coger el lápiz y al brazo no dominante, para limitar al máximo las tensiones…

El terapeuta ocupacional, para trabajar la autonomía del niño

Por último, en el marco de una evaluación multidisciplinar de la dislexia, el terapeuta ocupacional puede intervenir para reeducar las praxias, es decir, el reaprendizaje de los movimientos coordinados y voluntarios del niño. Este especialista le enseña a manipular objetos cotidianos y a gestionar su organización espacial, acompañándole en su proceso de reinserción social y autonomía. También puede aconsejar a los padres sobre qué deporte practicar para ayudar a compensar este trastorno.