Son 1,2 millones. Esta triste cifra representa el número de alumnos de primaria y secundaria víctimas de acoso escolar. Frente a las burlas, el chantaje, la violencia verbal o física, estos niños se aíslan hasta quedar atrapados en una situación inextricable. Definición, situaciones de riesgo, detección de señales, orientación para los padres: esta es la ficha descriptiva de este fenómeno demasiado frecuente.
¿Cuándo hablamos de acoso escolar?
Cualquier violencia repetida, verbal o física, ejercida en un centro escolar por uno o varios alumnos hacia otro que sufre esta situación sin conseguir defenderse, se considera acoso. Sus formas son múltiples: chantaje, intimidación, insultos, burlas, amenazas, golpes… Aunque puede presentar distintos grados de intensidad, el acoso escolar debe abordarse siempre con un acompañamiento de todos los alumnos implicados: víctima, acosador o testigo. El gobierno francés ha creado un portal específico llamado «Non au harcèlement» («No al acoso»), que define el fenómeno y acompaña a los padres en sus gestiones.

Los terrenos propicios para el acoso en la escuela
Pensar que los centros en zonas desfavorecidas, los colegios e institutos con mala reputación y las escuelas de barrios conflictivos son más propensos al acoso escolar es un error. Esta creencia es difícil de erradicar. Sin embargo, el acoso es una realidad que afecta sin distinción a todas las categorías sociales y a todo tipo de centros. La gravedad de los hechos varía según la edad y el género de los alumnos. Entonces, ¿dónde hay que extremar la vigilancia?
Hay que permanecer atento en todo momento. Sin caer en la paranoia, recordemos que ciertos terrenos son más propicios al acoso escolar. La estigmatización de una característica del alumno, una diferencia, puede ser la causa.
- un rasgo físico: estatura, color de piel, color de pelo, peso…
- la identidad sexual: sexismo, un chico considerado afeminado, una chica considerada marimacho,
- una discapacidad, un trastorno del habla o de la comunicación, una dificultad médica,
- la pertenencia visible a una religión, una comunidad, una cultura,
- aficiones poco comunes.
Situaciones tan comunes que pueden convertirse, injustamente, en motivo de acoso.
Un ordenador en la habitación de un adolescente también puede convertirse muy rápidamente en un peligro. El ciberacoso demuestra que esta situación puede, lamentablemente, ir más allá de la puerta del centro escolar. Saber identificar las fragilidades de un niño y hablar de ellas con él es la oportunidad de establecer medios de defensa preventivos.
Saber identificar a los alumnos víctimas
En cuanto un niño cambia de actitud, la vigilancia es esencial. Los padres suelen ser quienes mejor pueden detectar estos cambios notorios de comportamiento, sobre todo cuando el niño deja de hablar de su discapacidad, su rasgo físico o su diferencia como antes. Las señales indicadas a continuación son bastante generales y, afortunadamente, no siempre corresponden a una situación de acoso. Aun así, siempre deben tomarse en serio.
- comportamiento alterado: ira, agitación, susceptibilidad, provocación,
- somatización: sueño alterado, dolores sin causa médica comprobada (dolores de estómago, eczema…)
- bajada del rendimiento escolar: fobia escolar, dificultad para concentrarse,
- cuando los compañeros comentan un cambio en el alumno,
- cuando el alumno se aísla o cambia repentinamente de amistades,
- cuando son visibles en el niño señales de violencia física (caso grave en el que hay que presentar de inmediato una denuncia ante la policía).
Sean o no consecuencia de una situación de acoso escolar, todas estas señales de alerta reflejan un malestar o algo no dicho que hay que aclarar cuanto antes con el alumno, sin olvidar recordarle que nada justifica lo que está sufriendo.
¿Cómo ayudar a un niño acosado?
Porque puede dejar heridas psicológicas difíciles de curar o llevar a actos irreversibles como el suicidio, el acoso escolar debe abordarse de inmediato, pero con método.
Paso 1: Lo ideal es mantenerse a la escucha del niño y demostrarle una confianza total. Un niño no se confiará si piensa que su palabra puede ponerse en duda. La confianza de un niño hacia sus padres se construye desde los primeros meses de vida. Cuando la víctima no consigue abrirse a ellos, es responsabilidad de los padres recordarle que puede confiarse a un adulto cercano que estará dispuesto a escucharlo sin poner nunca en duda sus palabras.
Paso 2: Ponerse en contacto con la dirección del centro y con el tutor para intentar encontrar juntos una solución. Los profesores informados podrán actuar evitando en particular las situaciones de riesgo para el alumno víctima.
Paso 3: Trabajar con el niño acosado los medios para enfrentarse él solo a sus acosadores, superando su miedo al desmontar las tácticas de sus agresores. Esto puede pasar por un trabajo sobre la confianza en sí mismo, ejercicios de autoironía, explicarle que el problema viene del propio miedo de los demás y que puede prescindir de ese tipo de compañía…
Paso 4: Consultar a un psicólogo. Algunos padres preferirán confiar este trabajo a un profesional. Consultar a un psicólogo infantil le permitirá al niño encontrar en sí mismo los recursos para defenderse por sí solo. Un niño frágil, con falta de confianza en sí mismo, se beneficiará en cualquier caso de sesiones con un psicólogo. Por supuesto, habrá que asegurarse primero de que el niño víctima de acoso escolar tenga ganas de confiarse a una persona que no conoce, y no insistir si se opone.
El apoyo psicológico también está indicado para disipar el sentimiento de culpa y vergüenza que suele acompañar al acoso. En la plataforma ORA, psicólogos para niños y adolescentes ofrecen sesiones a distancia. Estas teleconsultas son sesiones idénticas a las presenciales, pero se realizan online. Más fácil de acceder y menos desestabilizador para el niño, que puede permanecer en su propio entorno durante las citas, el seguimiento con un psicólogo online está especialmente indicado para los casos de acoso escolar, y para las familias que no encuentran un psicólogo infantil cerca de casa.

