Tradicionalmente, la disgrafía aparece en la escuela primaria, pero también puede manifestarse en secundaria, cuando el niño, que hasta entonces había logrado compensar sus carencias, se agota y baja los brazos. Auténtico obstáculo para la escolaridad, este trastorno debe diagnosticarse cuanto antes para limitar el riesgo de rechazo hacia cualquier aprendizaje. Interviniendo sobre la escritura de un niño disgráfico para hacerla más legible y fácil de realizar, el grafoterapeuta comienza su intervención con la anamnesis…
¿Qué es la anamnesis?
Derivado del griego antiguo «anamnêsis», que significa «acción de traer a la memoria», el término anamnesis permite al grafoterapeuta reconstruir todo el historial del paciente, tanto con los recuerdos del niño como los de su entorno. Gracias a esta entrevista minuciosa, el profesional obtiene rápidamente un diagnóstico formal, limitando al mismo tiempo el número de exámenes complementarios.
Tanto recientes como antiguos, los antecedentes médicos del niño le permiten descartar ciertas pistas y restringir las hipótesis. Después, gracias a su enfoque semiológico —es decir, el estudio de los síntomas y signos clínicos—, el grafoterapeuta puede establecer su diagnóstico.
¿Quién acude a esta primera cita?
Por lo general, la anamnesis se desarrolla con el niño disgráfico y sus padres. En efecto, como el objetivo es repasar las distintas etapas de su desarrollo, desde el nacimiento hasta la aparición del trastorno, su presencia es muy recomendable.
Para este primer encuentro con el grafoterapeuta, los padres deben traer todos los documentos necesarios para respaldar su trayectoria escolar y personal, así como los posibles informes realizados por otros especialistas, como un logopeda, un psicólogo o un psicomotricista, por ejemplo.
¿Cómo se desarrolla el examen del grafoterapeuta?
Durante la anamnesis, los padres, el niño y el grafoterapeuta conversarán juntos: repasarán la trayectoria del paciente, sus competencias, sus dificultades y sus miedos. El profesional se detendrá en los motivos de la consulta en grafoterapia, la descripción del trastorno, así como la fecha de aparición de los síntomas, su nivel de gravedad y su impacto en la vida diaria del paciente.
A continuación, el grafoterapeuta observará la evolución de la escritura del niño en sus cuadernos, anotando los primeros síntomas de las dificultades y los comentarios de los profesores, y preguntándole sobre cómo se siente…
Todo el reto de la anamnesis consiste, por un lado, en saber escuchar para identificar mejor la información clave para el diagnóstico, y por otro, en mostrarse lo más honesto posible con este profesional.
Una vez establecido el diagnóstico, la intervención en grafoterapia continúa con un balance grafomotor (unas 2 horas de pruebas) y la reeducación, estructurada en sesiones de 45 minutos cuyo número varía según el problema y la gravedad de las dificultades encontradas. Cabe señalar que si sus problemas no están relacionados con la disgrafía, podrá iniciarse una simple reeducación para mejorar su escritura.
No dudes en contactar con uno de nuestros grafoterapeutas en línea en la plataforma Ora-Visio: tan disponibles como atentos a tus necesidades, sabrán llevar a cabo esta anamnesis para establecer el diagnóstico, esencial para el buen desarrollo del niño.

