Tradicionalmente, el terapeuta ocupacional centra sus intervenciones en las actividades humanas de sus pacientes con síndrome de Asperger, olvidando que la «suma» de estas actividades a veces está mal calibrada. Gracias al método de las cucharas, extremadamente sencillo de aplicar, el profesional integra esta dimensión ocupacional para gestionar mejor la fatiga y la socialización de sus pacientes.
¡Una cuchara para cada acción significativa!
El método de las cucharas traduce de forma concreta la reserva de energía de cada persona con síndrome de Asperger, extremadamente variable de un individuo a otro. Consiste en asignar arbitrariamente un número de cucharas para un día, con el fin de evaluar la fatigabilidad del paciente.
Cada acción significativa se mide en cucharas, cuyo número varía en función de la sensación asociada. Por ejemplo, si ducharse es un placer, no «cuesta» ninguna cuchara. En cambio, si esta tarea resulta incómoda, puede valorarse en 1, 2 o 3 cucharas…
Cabe señalar que una misma actividad no se materializará siempre de la misma manera de un día a otro: las cucharas deben racionarse y obligan a tomar decisiones para sobrellevar esta carga mental diaria.
Encontrar la zona de confort de cada paciente con síndrome de Asperger
Imaginemos que un paciente con síndrome de Asperger dispone de 12 cucharas para usar en su día: por la mañana, puede usar 4 para ducharse, lavarse el pelo, desayunar y fregar los platos; luego, 7 más durante el día para trabajar, cocinar, comer y salir a pasear; por último, por la noche, puede gastar las que le quedan haciendo la compra y pasando tiempo en familia…
Acompañado por un terapeuta ocupacional, el paciente con síndrome de Asperger anota su ritmo en papel y lo reorganiza para equilibrar su día o su semana. El objetivo es que se mueva en un marco «cómodo», sin agotamiento, pero también sin infraexposición.
Este método también ayuda a quitarle el sentimiento de culpa. En efecto, el juicio de los demás, que no entienden su fatigabilidad ni sus cancelaciones recurrentes, suele pesar mucho: con las cucharas, el gasto energético se representa físicamente, mostrando la carga mental asociada a la tarea y facilitando así la comprensión de los demás.
Reducir este coste para aumentar sus reservas
Poco a poco, este «coste cognitivo», generado por cada actividad, debe eliminarse en favor de un medio menos «costoso». Por ejemplo, el paciente sustituye la cuchara por un color: los días rojos suponen ahorrar energía desde por la mañana sin darle vueltas a la organización del día, mientras que los días verdes invitan a un ligero relajamiento…
Una vez encontrada la organización, el terapeuta ocupacional anima a mantener este estado: tradicionalmente, se necesitan 9 semanas para adquirir y automatizar un nuevo hábito en pacientes con síndrome de Asperger. Solo entonces el profesional podrá intentar algunos experimentos para aumentar progresivamente la capacidad de reserva de su paciente.
No dudes en hablar de este método de las cucharas con nuestros terapeutas ocupacionales en línea, disponibles en nuestra plataforma Ora-Visio.

