La dermatilomanía es una patología mental: este comportamiento destructivo consiste en eliminar de la piel sus más mínimas imperfecciones, visibles o simplemente percibidas. Agravada por la ansiedad, el aburrimiento o el estrés, también puede aparecer en personas con trastornos del neurodesarrollo, Trastorno del Espectro Autista (TEA) o Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH).
La dermatilomanía, un comportamiento adictivo, repetitivo y doloroso
La dermatilomanía consiste en manipularse la piel de forma repetida, hasta provocar lesiones. Las zonas afectadas varían según la persona: cuero cabelludo, nuca, cara, hombros, pecho, vientre, manos, piernas, etc. Por lo general, este trastorno aparece en la adolescencia y afecta a alrededor del 1,5 % de la población, en su mayoría mujeres.
La persona con dermatilomanía suele presentar un acné leve, causado por la ansiedad. Pero lo percibe como algo mucho más grave de lo que realmente es. Entonces intenta «alisar» su piel, eliminando la más mínima imperfección (puntos negros, costras, vello, piel muerta, cicatrices…). Sin embargo, este rascado impulsivo e incontrolado termina creando nuevas lesiones. Sin contar que no dudará en utilizar herramientas específicas para «purificar» mejor su piel (pinzas, cuchillas, agujas, extractores de comedones…).
La dermatilomanía genera una tensión creciente antes de rascarse, que después se transforma en placer, alivio y satisfacción durante el rascado…
Una forma de aliviar tensiones internas
Aunque la causa de esta patología aún no está claramente definida, la ansiedad puede ser un factor desencadenante: el ritual compulsivo de la dermatilomanía podría ofrecer una compensación a las tensiones internas, una forma de liberar la frustración. La piel se convierte entonces en el soporte de angustias y sentimientos no expresados.
Este comportamiento destructivo refleja una mala gestión de las emociones, una falta de confianza o autoestima, algo que se observa a menudo en niños con TEA y TDAH.
El rascado de la piel se convierte en una patología cuando afecta a la vida personal, familiar y/o profesional de la persona: evita ciertas actividades y se pierde otras a causa de los daños causados, que ya no logra ocultar.
Soluciones frente a la dermatilomanía
La dermatilomanía puede tratarse mediante Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) llevada a cabo por un psicólogo. Este enfoque se centra en revertir el hábito tomando conciencia de él, identificando las situaciones que lo desencadenan y utilizando estrategias para detener el rascado. Cabe señalar que la hipnosis es también una vía a explorar para acompañar el cambio de ciertos comportamientos.
En caso de comorbilidad (con TDAH, por ejemplo), esta patología también puede requerir tratamiento farmacológico y/o suplementos alimenticios adecuados, destinados a apoyar el sistema nervioso.
Por último, el seguimiento multidisciplinar puede incluir control dermatológico, sesiones de relajación para aliviar las tensiones internas, y un acompañamiento sobre los hábitos de vida en general (sueño, alimentación), con el fin de optimizar los efectos del seguimiento psicológico.

