Esta mañana, su reloj bien podría mostrar jeroglíficos. Confunde gramos y kilos al preparar una receta y se pierde de camino a casa. ¿Una pesadilla? No. Es el día a día de más del 5 % de la población francesa. Tan frecuente como la dislexia, la discalculia está, sin embargo, mucho menos reconocida. ¿Qué significa realmente discalculia? ¿Cómo detectar los signos en un niño afectado? ¿Qué tratamiento elegir para preparar el futuro profesional del niño DYS?
Definición de la discalculia
La discalculia corresponde a una dificultad en el aprendizaje de los números. Esta disfunción cognitiva forma parte de trastornos como la dislexia o la dispraxia. Como ocurre con el resto de trastornos DYS, y aunque desempeña un papel en el fracaso escolar, la discalculia no se debe a una falta de capacidad o de inteligencia del niño. La dificultad para realizar cálculos sencillos y reconocer cifras, entre otras cosas, perjudica la práctica global de las matemáticas.
«En primero de primaria, no lograba leer, no sabía contar, no conseguía aprenderme las tablas de multiplicar. De hecho, todavía no me las sé, y nunca me las sabré. No es falta de voluntad. Es imposible. Los números no significan nada, se pasean por la hoja como si no tuvieran ningún sentido.»
William, 20 años, antiguo alumno del instituto Saint-François-La Cadène, en Labège (Francia)
Las distintas causas de la discalculia
Algunos estudios coinciden en que este trastorno se debe a factores genéticos. Las cifras también muestran una mayor incidencia de discalculia entre los hijos de madres con problemas de alcoholismo y entre los niños prematuros. En cuanto a los casos de discalculia que aparecen en la edad adulta, suelen ser el resultado de una lesión cerebral tras un accidente o un traumatismo. En resumen, parece que las causas todavía no están claras para los investigadores. Lo que sí es innegable es que este trastorno rara vez aparece de forma aislada. De hecho, un niño con discalculia suele padecer también dislexia, disfasia o disortografía.
¿Cuáles son los síntomas de la discalculia?
Detectar los signos del trastorno
No, ser malo en matemáticas no significa necesariamente que se padezca discalculia. Tampoco lo es suspender un examen de matemáticas. Sin embargo, una debilidad en el aprendizaje de las matemáticas que se instala en primaria y persiste en los cursos superiores debe poner en alerta a los padres. Entre las manifestaciones más recurrentes, cabe señalar las siguientes dificultades:
– el conteo laborioso
– el recurso sistemático a los dedos para contar
– leer y escribir números es fuente de confusiones sistemáticas
– la incapacidad para realizar operaciones aritméticas
– retener las tablas de multiplicar resulta laborioso
– la mala comprensión de los términos matemáticos (suma, cantidad, más que, menos que…)
– la mala interpretación de los enunciados de los problemas matemáticos
– la incapacidad para orientarse correctamente en el espacio (problemas de geometría)
Establecer un diagnóstico
Aunque existen adaptaciones específicas para facilitar la vida escolar de los alumnos con discalculia (apoyos, acompañamiento de un auxiliar escolar, acceso a sesiones de logopedia y psicomotricidad, o disfrutar de un tercio de tiempo adicional en los exámenes), todas ellas requieren que se realice previamente una evaluación. Aunque la FFDYS (Federación Francesa de Asociaciones DYS) lucha por fomentar la detección precoz (entre los 0 y los 9 años), no siempre resulta fácil encontrar profesionales disponibles para realizar todas estas evaluaciones neurológicas, neuropsicológicas o psicomotrices, y menos aún cerca del domicilio del niño. Una vez realizadas estas evaluaciones, hay que encontrar un logopeda capaz de completar toda esta batería de pruebas con una enésima evaluación. ¡Buenas noticias! La plataforma ORA está al servicio de los padres y los niños que buscan un logopeda cualificado en trastornos DYS. Con su red de logopedas en línea, el portal ORA permite realizar las evaluaciones y sesiones de logopedia por teleconsulta, desde casa, en cualquier parte del mundo. Se acabó el tiempo perdido en la sala de espera o la cita fijada seis meses después. Con las consultas de logopedia en línea, el seguimiento es riguroso, cómodo y de la misma calidad que una consulta presencial.
Ayudar a mi hijo con discalculia
El tratamiento del trastorno
Es cierto que la discalculia acompañará al alumno durante toda su vida, pero puede atenuarse hasta dejar de ser incapacitante si la reeducación se lleva a cabo correctamente. El tratamiento de esta disfunción permitirá al niño adquirir los métodos y las herramientas necesarias para compensar sus déficits. El profesional sanitario más indicado para esta reeducación es el logopeda. Con el niño escolarizado en primaria, el logopeda repasará las bases del cálculo, el lenguaje matemático y el conocimiento de los números. Para los alumnos de secundaria, la reeducación se basará en los conceptos matemáticos ya adquiridos y en aquellos en los que presenta carencias. El objetivo es favorecer la autonomía del alumno, dándole todas las herramientas necesarias para su éxito escolar, pero también para su vida cotidiana. Acompañados y apoyados, los alumnos ganan autonomía y logran expresar todo su potencial.
El apoyo en el día a día
Las ganas de proteger a su hijo de las dificultades que encuentra llevan a algunos padres a eliminar cualquier forma de cifras de su entorno. ¡Es un error! La repetición de ejercicios sencillos y rutinarios hará maravillas en sus capacidades de aprendizaje. Dejarle gestionar pequeñas tareas recurrentes que requieran manejar cifras dará resultados sorprendentes. Paciencia y regularidad son las palabras clave. Algunas ideas para fomentar su participación diaria y sus deberes:
– pedirle que cuente objetos familiares y haga pequeños cálculos mentales cada día
– retarle a ordenar sus juguetes por tamaño
– jugar con él a las tiendas, sumar precios y dar el cambio
– priorizar los juegos con un dado y un recorrido de casillas que superar para ganar
– favorecer soportes de cálculo como el ábaco para sus deberes
– no impedirle contar con los dedos
– utilizar el mismo código de colores que en el colegio para diferenciar unidades, decenas y centenas
– mostrarle cómo organizar las distintas etapas de una tarea por realizar
– pedirle que reformule el enunciado de una tarea para asegurarse de que lo ha entendido bien
Autoestima y éxito profesional con un trastorno de discalculia
Trabajar la confianza en uno mismo
De tanto oír que es un inútil y que no entiende nada, el niño con discalculia pierde muchísima confianza en sí mismo. Por desgracia, este tipo de comentarios marcan el ritmo de la escolaridad del niño DYS. Autoestima pisoteada y malestar suelen ir de la mano. ¿Cómo reavivar la confianza en sí mismo de un niño con discalculia? Mostrándole presencia y apoyo. Después de explicarle su trastorno, hay que insistir en su inteligencia, que no está en absoluto alterada. Cuanto más sienta el niño que se le ayuda, que se confía en él y que se respetan sus ambiciones, más recuperará la confianza en sí mismo. El deporte, el arte o cualquier actividad que le guste al niño también pueden generar una gran satisfacción:
«Lo que más me ayuda en los estudios es el atletismo, que practico con regularidad. Necesito gastar energía física y eso me sube el ánimo y la moral. Me siento realizado, conozco a personas maravillosas cuando participo en competiciones. Me siento en mi sitio y útil. Los más veteranos transmiten sus conocimientos, que nosotros, a nuestra vez, pasamos a los más jóvenes. ¡Es un buen deporte para las personas con discalculia, dispraxia, dislexia e hiperactividad!»
William, 20 años, antiguo alumno del instituto Saint-François-La Cadène, en Labège (Francia)
¿Qué futuro profesional le espera a mi hijo con discalculia?
Gracias a un seguimiento regular de su reeducación, el niño con discalculia irá adquiriendo los recursos y métodos de compensación que le permitirán superar su discapacidad. A partir de ahí, se le abrirán las puertas de los estudios superiores, con las posibles adaptaciones que la evaluación haya permitido establecer. Político, físico, matemático, filósofo, alquimista, astrónomo, teólogo, editor, escritor, naturalista, inventor… Si Winston Churchill, Isaac Newton o Benjamin Franklin, los tres con discalculia grave, lo lograron, ¿por qué no habría de lograrlo su hijo?

