Con su torpeza cotidiana y sus gestos poco precisos, el niño dispráxico no se siente muy cómodo en clase. Por desgracia, el recreo y las actividades deportivas tampoco le aportan satisfacción ni confianza en sí mismo. Sin embargo, algunas adaptaciones sencillas pueden marcar toda la diferencia en la escuela, igual que en el terreno de juego. Para no dejar ver su dificultad, evitará cuidadosamente las actividades deportivas y, sin saberlo, deteriorará aún más sus capacidades motrices. Sin embargo, la anticipación, las facilidades y las adaptaciones pueden transformar la vida del niño dispráxico. ¿Cómo reconciliar a este alumno con las clases de educación física? ¿Qué adaptaciones funcionan en el deporte?
Recordatorio sobre la dispraxia
Este trastorno se caracteriza por anomalías en la planificación y la automatización de los gestos voluntarios. Dicho de forma simple, el niño dispráxico es mucho más torpe que sus compañeros. Realizar un gesto voluntario (atarse los cordones, montar un puzle, recortar con tijeras…) es una prueba que el alumno lleva a cabo con una lentitud increíble y un resultado mediocre. A esto se suma su incapacidad para reproducir una acción que acaba de realizar. La automatización de los gestos también se ve alterada. En ocasiones, el niño logrará realizar la acción con éxito, pero si intenta repetirla puede volver a fallar, porque no logra estandarizar su desempeño y se cansa muy rápido.
¿Qué consecuencias tiene esto para la práctica deportiva?
Parece que no hay una regla fija para definir un perfil tipo del alumno dispráxico en educación física. Si se mira más de cerca, algunos destacan en un deporte en el que otros son incapaces de participar. ¡Ese niño que no logra ponerse la camiseta puede resultar muy hábil jugando al ping-pong! Si bien la mayoría de los niños dispráxicos presentan grandes dificultades motrices, cuando las ganas de practicar un deporte son firmes y el profesor adapta su entrenamiento a la dispraxia del alumno, a veces pueden darse gratas sorpresas. No obstante, no olvidemos que la calidad y la intensidad del entrenamiento no influyen en el resultado, como tampoco lo hacen la buena voluntad y los esfuerzos del niño si practica un deporte que no le corresponde. En ese caso, obligarlo a seguir el mismo entrenamiento que sus compañeros solo supondría un esfuerzo inútil y perjudicial para su autoestima. Solo sus capacidades cerebrales y sus aptitudes le permitirán obtener logros en el deporte que haya elegido. Así, practicar un deporte puede resultar potencialmente complicado y costoso en esfuerzo, pero si la disciplina le conviene, el niño desarrollará su confianza en sí mismo, se afirmará y se sentirá más pleno.
«Las actividades deportivas representan, sobre todo para los niños, un ocio predilecto que les permite medirse con sus iguales y participar en los enfrentamientos y competiciones necesarios para construir su identidad.»
Valérie Bogusz: psicóloga en Burdeos
¿Cuál es el perfil deportivo de su hijo dispráxico?
Los perfiles varían mucho de un niño a otro. Las experiencias, el entorno, el carácter… muchos factores entran en juego, y los niños dispráxicos no viven el deporte de la misma manera. Se pueden distinguir dos tipos de personalidad:
- Activo: con un gran interés por las actividades motrices. Son los niños siempre en movimiento, a los que les gusta practicar distintos deportes y juegos motores, sin dejarse frenar por su dispraxia. Para este perfil, es importante preservar el placer de moverse informando a los profesores de educación física y a los entrenadores de su trastorno, para que adapten sus clases.
- Bloqueado: con aversión al deporte y a los juegos motores. Estos niños sienten vergüenza al moverse y participar en actividades deportivas. El miedo al ridículo, a la mirada de los demás y a la humillación es abrumador. Para estos alumnos, la comunicación y el diálogo deben restablecerse o instaurarse cuanto antes. La familia, los profesores de deporte, los profesionales encargados de su rehabilitación y el propio niño deben reunirse para definir las adaptaciones y ajustes capaces de devolverle el placer de practicar deporte.
Las adaptaciones de educación física para alumnos dispráxicos
Para el deporte en general
Reproducir un gesto: dado que el alumno no tiene la capacidad de hacerlo por imitación, conviene priorizar la explicación verbal. La solución: describir cada etapa del movimiento con palabras, descomponiendo el gesto por fases. ¿Y por qué no usar rimas o canciones para memorizar mejor el movimiento?
Las adaptaciones básicas: conviene evitar o adaptar ciertos movimientos demasiado difíciles de reproducir. Para facilitar su ubicación espacial, habrá que utilizar sistemáticamente material de color siguiendo una lógica coherente en el terreno y en el propio niño: marca roja a la derecha + pie de impulso (derecho) también con marca roja. Delimitación de las zonas de juego, de salida, de llegada… También se recomienda favorecer el trabajo por carriles.
La evaluación del profesor deberá basarse en los nuevos aprendizajes adquiridos y no en las exigencias habituales de la clase.
En los vestuarios: dado que atarse los cordones, subirse la cremallera o simplemente ordenar y organizar su equipo deportivo son verdaderas pruebas para ellos, estos pequeños deportistas podrán llegar al colegio ya vestidos con ropa de deporte y cambiarse solo la camiseta. Los padres priorizarán el calzado con velcro, los pantalones elásticos y colocarán etiquetas que indiquen el delante y el detrás de la ropa.
Para los deportes de combate
- Elegir un adversario más experimentado, para que pueda controlar la energía explosiva y los gestos incontrolados y potencialmente peligrosos del niño DYS.
Para los juegos colectivos
- Animar al niño a detenerse antes de tirar o de hacer un pase.
- Evitar acciones como los pases con bote o los regates.
- Darle tiempo adicional antes de actuar.
- Reducir el número de participantes y delimitar bien el terreno.
- Prever una zona de acción libre.
Para los deportes atléticos
- Carrera: las marcas de color en el niño y en el espacio son esenciales (izquierda/derecha/salida/llegada)
Las indicaciones verbales también, como por ejemplo una salida en tres etapas.
Para las vallas, conviene reducir la altura e indicar la zona de impulso con una marca en el suelo.
- Lanzamiento: dado que el objeto puede lanzarse sin ningún control y golpear a alguien, se recomienda delimitar las zonas, centrarse sobre todo en la fase de vuelo y evitar las rotaciones y los pasos cruzados.
- Salto: centrarse en la fase de vuelo sin tener en cuenta la recepción ni el impulso.
Para los deportes acuáticos
El equilibrio y la coordinación de la respiración son los principales obstáculos de los niños dispráxicos a la hora de aprender a nadar. Las adaptaciones deberán tener en cuenta estas dificultades:
- Favorecer el bienestar del niño en el agua para que se acostumbre a este entorno.
- Hacerlo autónomo en el agua sin imponerle una técnica de natación concreta.
- Separar el aprendizaje de los movimientos de brazos del de las piernas.
- Tolerar que el niño practique varias técnicas de natación a la vez.
- Dar referencias espaciales claras y verbalizar los movimientos a realizar en lugar de mostrarlos.
Para los deportes de raqueta
La velocidad, la anticipación, la trayectoria imprevisible y el espacio detrás del jugador son otros tantos obstáculos para el deportista dispráxico. Son necesarias algunas adaptaciones:
- Proponer un mango más corto, familiarizarse con el gesto jugando primero con la mano, probar raquetas y pelotas con velcro, usar pelotas más lentas.
- Reducir el tamaño del terreno de juego.
- Adaptar el saque a sus capacidades.
Para la gimnasia
Las principales dificultades del alumno dispráxico que practica gimnasia son el equilibrio y, con él, el riesgo de caída, pero también la falta de coordinación en los encadenamientos, el impulso a dos pies y la desorientación. Para esta práctica, estas son algunas adaptaciones posibles:
- Adaptar las condiciones asegurando el entorno, reduciendo las alturas y eligiendo material adecuado (pelotas más grandes, colchonetas de espuma…).
- Dictar los encadenamientos dividiéndolos en etapas.
Para la danza
Aquí también, las emociones y la energía son difíciles de controlar, y asimilar los encadenamientos supone un obstáculo. Sin embargo, el bailarín o la bailarina cuenta con una gran imaginación en materia de coreografía. Algunas soluciones para hacer bailar a los niños dispráxicos:
- Favorecer la improvisación y soltar las emociones.
- Trabajar los conceptos de lentitud y rapidez.
- Fomentar el trabajo en grupo.
- Proponer la manipulación de materiales.
La comprensión del entrenador, las adaptaciones del profesor de educación física y la escucha atenta de los padres abren de par en par las puertas del estadio, el gimnasio y la sala de deporte a los niños dispráxicos. La clave está en el diálogo sobre el trastorno y las dificultades motrices. Comprendido y animado, el joven deportista encontrará la disciplina que le conviene, hasta lograr el marcador:
Autoestima: 1 / Dispraxia: 0

