Permanente, la dispraxia es un trastorno de la motricidad y de la coordinación de los movimientos. Esto puede traducirse en dificultades para «decir adiós» o para cepillarse los dientes. Cuando el niño es pequeño, no es raro confundir este trastorno con torpeza natural. Pero en el colegio, muy pronto, los alumnos con dispraxia acumulan invariablemente retrasos en el aprendizaje, debido a la mala ejecución de gestos sencillos. Afortunadamente, existen trucos para facilitar su día a día, en particular en el entorno escolar.

Truco 1: los manguitos para la escritura

Debido a una evidente falta de destreza, el niño con dispraxia puede experimentar problemas de agarre, en particular de bolígrafos y lápices. Para evitar que los objetos resbalen o se tambaleen, puede elegir un manguito y/o una guía de dedos. Por ejemplo, con una guía de dedos triangular, válida tanto para diestros como para zurdos, el niño solo tiene que colocar los dedos en cada lado del triángulo.

Truco 2: herramientas ergonómicas para niños con dispraxia

Para acompañar a los niños con dispraxia en sus actividades de geometría, no dude en equiparlos con herramientas adaptadas a su trastorno: como las tijeras easy-grip, los compases Bullseye (que se sujetan con un dedo en el centro del círculo), la escuadra con asa, la regla antideslizante, la regla con lupa, etc. Todo un conjunto de material escolar ergonómico, destinado a paliar sus dificultades para integrar el componente espacial de sus movimientos.

Truco 3: un espacio de trabajo adaptado

Definido en colaboración con su profesor, la adaptación de su espacio de trabajo debe permitirle reducir el esfuerzo. No hay que olvidar que las dificultades de motricidad empeoran con el cansancio. Aquí se trata de pensar en su postura, con una posición sentada correcta y una estabilidad general. Para aumentar su capacidad de concentración, es posible delimitar su espacio con una barrera visual, eliminando así todas las fuentes de estímulos «parásitos».

Truco 4: «¿Dónde está Wally?» para el barrido visual

Habitualmente, un niño con dispraxia presenta dificultades de visualización y memorización, y estas capacidades son indispensables para la escritura. En este sentido, puede ayudar al barrido visual de su hijo con el juego «¿Dónde está Wally?». También puede trabajarlo con puzles y juegos de construcción, en particular las versiones con piezas magnéticas.

Truco 5: plantillas adaptadas a la dispraxia

En el colegio, puede proponer a su hijo utilizar líneas de 4 colores diferentes, para que pueda orientarse al escribir: la letra apoya los pies en la tierra (simbolizada por el color marrón) y llega hasta la hierba (verde); las letras altas llegan hasta el cielo (azul), mientras que otras atraviesan la tierra hasta llegar al fuego (rojo). Para el cálculo, es posible apoyarse en una tabla con columnas de colores, para que los números queden bien alineados unos debajo de otros…