Dislexia: ¿cómo aprender un idioma extranjero sin perder el hilo?

¡Ya está! Su hijo disléxico ha logrado retener la pronunciación de sonidos franceses complicados. Cuando le hablan de aprender un segundo idioma, piensa enseguida en todos esos sonidos que se pronuncian de forma distinta de un idioma a otro. Prefiere evitarlo por miedo a desestabilizar unos conocimientos que tanto ha costado adquirir. Es una lástima, porque ser disléxico y aprender un idioma extranjero es perfectamente posible. ¿Qué dificultades hay que esperar? ¿Qué idioma conviene favorecer?

El enemigo se convertirá en aliado si se sabe cómo abordarlo

Incluso con la mayor de las motivaciones, la dislexia acecha en la sombra y aprovecha cada etapa del aprendizaje para convertirla en un obstáculo. ¿Cómo dejarla fuera de combate? ¡Anticipándose! Tomar conciencia de las grandes dificultades que supone la adquisición de un nuevo idioma es un primer paso hacia la victoria. Así, para hablar un segundo idioma, el niño disléxico se enfrentará a cuatro grandes retos:

  • Saber procesar información nueva más rápidamente
  • Poder gestionar un doble sistema lingüístico
  • Ser capaz de aprender una nueva pronunciación
  • Saber diferenciar varios mensajes distintos

La dislexia es un trastorno específico de la lectura. Se trata también de un trastorno persistente de la adquisición del lenguaje escrito, caracterizado por grandes dificultades en la adquisición y la automatización de los mecanismos necesarios para dominar la escritura (lectura, escritura, ortografía…).

OMS (Organización Mundial de la Salud)

Dominar los 36 fonemas de la lengua francesa ya supone un camino arduo para los niños disléxicos. Volver a empezar de cero para aprenderle un nuevo idioma es, en efecto, un reto considerable. El cerebro de un niño disléxico no es especialmente receptivo a la actividad de aprendizaje lingüístico, y cuanto más se aleje el sistema fonético del idioma extranjero del de su lengua materna, mayor será la lucha. Más allá de la fonología, memorizar palabras y sonidos resulta complicado para las personas disléxicas. Es lo que se conoce como memoria auditiva y visual. Asociar una imagen y un sonido a un objeto es una habilidad que a menudo les falta a los niños disléxicos. Así que pedirles que asocien dos palabras distintas para un mismo objeto, o dos pronunciaciones para un mismo fonema, se convierte en un verdadero problema. Unos obstáculos que no se limitan al habla o a la lectura, sino que también afectan a la escritura.

¿Dónde encontrar un apoyo sólido para afrontar el reto del idioma extranjero?

La primera ayuda vendrá de la elección del idioma. Los idiomas se clasifican en dos categorías. Existen, en efecto, idiomas considerados transparentes o regulares. Su punto fuerte: cada sonido tiene una única forma de escribirse. Un sueño que los niños franceses no conocen. Las letras mudas no existen. Sin embargo, este paraíso de la simplicidad existe en idiomas como el finés, el italiano, el griego o el propio español. Con sus 33 grafemas para 25 fonemas (es decir, casi una grafía única para cada sonido), el italiano es el idioma más fácil de leer, el más lógico de escribir, y cuenta con muy pocas excepciones. Le arrebata el primer puesto el esperanto (la lengua internacional creada en 1887, que no presenta ninguna ambigüedad).

Aprender un idioma más transparente que la lengua materna tiene efectos positivos en la comprensión del sistema fonológico.

Estudios de Da Fontoura et al., 1995; Muntaz et al., 2001

Por el contrario, el inglés, el francés y el neerlandés se consideran idiomas opacos o irregulares. Tienen varias formas de escribir un mismo sonido. Basta con fijarse en el sonido francés «è», que puede escribirse «è», «ai», «ei» o «ê»: una auténtica pesadilla para los niños con dislexia. Sus reglas son complejas. El inglés, por ejemplo, tiene 1120 grafemas para 40 fonemas, es decir, una media de 3 formas distintas de escribir un mismo sonido. El francés es igual de opaco, con sus 190 grafemas para solo 35 fonemas. Como es lógico, aprender un idioma opaco será más complicado y más lento que aprender un idioma transparente.

Clasificación por orden de dificultad:

  1. Inglés
  2. Francés
  3. Alemán
  4. Español
  5. Italiano

Consejos para dominar el nuevo idioma

Sea cual sea el idioma extranjero elegido, el niño disléxico debe contar con adaptaciones específicas y métodos adecuados. A continuación, un repaso de las decisiones y actitudes que conviene adoptar con un alumno disléxico.

  • En la medida de lo posible, elegir un idioma transparente.
  • Favorecer los materiales de aprendizaje orales (software, grabaciones…) y, en general, priorizar la oralidad.
  • Mostrar una gran tolerancia ante los errores. Es decir, no tenerlos en cuenta siempre que el mensaje transmitido sea comprensible.
  • Priorizar la inmersión en el idioma.
  • Utilizar materiales muy visuales, multiplicando las vías de acceso a la comprensión.

  • Solicitar ayuda para adaptar el aprendizaje en la escuela, favorecer los repasos y adaptar las condiciones de examen. Preparar un expediente MDPH (organismo francés de discapacidad) permite hacer valer estos derechos.

La dislexia es un trastorno del aprendizaje que atienden los logopedas. Para facilitar la solicitud de citas y eliminar las salas de espera y los desplazamientos costosos, la plataforma ORA ha creado una red de logopedas cualificados que ejercen tanto de forma presencial como a distancia. Las consultas de logopedia en línea permiten a las familias seguir rigurosamente la atención logopédica desde casa, en cualquier parte del mundo. Un seguimiento que puede acompañar el aprendizaje de un idioma extranjero, ya que ya no hay duda: ¡el niño disléxico puede afrontar este reto!