Concebido originalmente como una técnica de reeducación logopédica, el método Borel-Maisonny es muy utilizado para niños con dificultades de lectura, como los niños con dislexia o disortografía, pero también para los niños con disfasia. Su enfoque fonético, en el que cada fonema se representa mediante un gesto simbólico, facilita la entrada en el lenguaje escrito. Te lo explicamos.
Una técnica de reeducación que asocia un sonido y un gesto
Creado en los años 60 por la logopeda Suzanne Borel-Maisonny, este método se articula en torno a 3 ejes: el fonema (lo que se oye), el grafema (lo que se ve) y la articulación (lo que se dice).
Cada uno de los 34 gestos identificados corresponde a un fonema, independientemente de su grafía. Ojo: estos gestos no tienen nada que ver con los de la lengua de signos. Representan, según el caso, una forma gráfica, una forma articulatoria o la idea de flujo.
En su origen, esta técnica de reeducación se dirigía a niños con dificultades en el ámbito del lenguaje escrito y oral, cualquiera que fuera su causa. En ese contexto, los gestos solo debían ser realizados por el logopeda, para ayudar a los niños a decodificar las palabras y frases de la pizarra.
Un método silábico progresivo de aprendizaje de la lectura
Aunque el método Borel-Maisonny sigue utilizándose como técnica de reeducación, también sirve como método de aprendizaje de la lectura. Desarrollado por Clotilde Silvestre de Sacy, estrecha colaboradora de Suzanne, adopta un enfoque silábico que ha convencido a numerosos docentes desde 1960.
Con este método, el niño aprende primero los gestos y su asociación con el fonema correspondiente. Después, descubre los grafemas y combina 2-3 gestos para formar una sílaba, introduciendo a la vez la escritura.
Al principio, las palabras pueden alargarse («mmmmmmmototooo») hasta que se produce el clic, el momento en que el niño comprende y da sentido a la palabra leída («moto»). De los sonidos simples a los complejos, de la sílaba a la frase, el aprendizaje de la lectura se hará de forma progresiva.
Las ventajas del enfoque Borel-Maisonny
Especialmente indicado para niños con dislexia y disortografía, el método Borel-Maisonny también resulta interesante para los niños con disfasia, gracias a su enfoque multisensorial.
Además, ofrece una mejor memorización de la correspondencia entre grafema y fonema, y permite distinguir mejor los fonemas parecidos (v/f y b/d).
Lúdico, se combina perfectamente con otras herramientas, como el método de los Alphas. Mejora la pronunciación, evitando que la «b» se convierta en «be» o la «r» en «erre», y favorece la atención.
Fácil de aprender, el método Borel-Maisonny centra el trabajo en el fonema y no en la multitud de grafías posibles, que puede resultar desalentadora cuando un niño tiene dificultades.
Con su referencia visual, puede empezar a utilizarse desde la etapa infantil en forma de juegos: «El 94 % de los profesionales considera que sus buenos resultados se deben esencialmente a sus dimensiones visual y cinestésica.»[1]
[1] Fuente: https://dante.univ-tlse2.fr/s/fr/item/10705 (p.36)

