¿Qué tienen en común la persona que ha perdido sus palabras y la que se ahoga en una jerga interminable? La afasia. Con manifestaciones muy diversas, este trastorno afecta al lenguaje. En Francia lo padecen cerca de 300 000 personas. ¿Qué es la afasia? ¿Cómo se manifiestan los síntomas? ¿Qué tratamiento elegir? Repaso a una alteración de la comunicación que puede aparecer a cualquier edad.

Definición de la afasia

No se nace afásico, se llega a serlo. A diferencia de un trastorno DYS (dislexia, discalculia, disortografía, síndrome disejecutivo…), la persona que la padece hablaba perfectamente antes de que un episodio le hiciera perder el uso del lenguaje. Por eso, esta enfermedad puede afectar tanto a niños como a adultos. Se trata de un daño a nivel cerebral relacionado con las zonas dedicadas al lenguaje. Este trastorno de la comunicación puede manifestarse en la expresión y/o la comprensión oral o escrita. El lenguaje, la lectura, la escritura y los gestos de expresión pueden verse afectados.

Los factores desencadenantes

La primera causa de la afasia es el ictus (accidente cerebrovascular). Cualquier persona que haya sufrido un daño cerebral en las zonas específicas del lenguaje puede volverse afásica. Un infarto, la rotura de un aneurisma, un accidente de tráfico con traumatismo craneal o la aparición de un tumor pueden estar en el origen de la afasia.

Las distintas formas de afasia

  • La afasia de Broca (llamada también afasia de expresión, anterior o motora). Se caracteriza por una reducción grave del habla. La persona busca sus palabras hasta llegar a no poder expresarse en absoluto. Habla poco y muy despacio, y presenta dificultades de escritura. En cambio, comprende perfectamente lo que se le dice.
  • La afasia de conducción. Se caracteriza por numerosas vacilaciones y un lenguaje entrecortado, con dificultades para encontrar las palabras adecuadas. La persona utiliza paráfrasis para compensar su falta de vocabulario y cae en una jerga poco comprensible. Consciente de que mezcla palabras y sonidos, la persona afásica suele intentar corregirse. Es una forma de afasia de Wernicke en la que, sin embargo, el paciente ha conservado la capacidad de comprensión.
  • La afasia de Wernicke (llamada también afasia de recepción, sensorial, receptiva o posterior). Se manifiesta con una incapacidad para comprender lo que se lee y se escucha. Aunque el paciente hable con fluidez, no siempre es consciente de que su discurso resulta casi incomprensible, ya que mezcla paráfrasis, palabras y sonidos. El trastorno afecta al lenguaje oral y escrito.
  • La afasia progresiva primaria. Menos brusca que las demás formas de afasia, esta comienza con dificultad para encontrar las palabras. Las personas afectadas son plenamente conscientes de este angustiante déficit parcial de vocabulario. Cuando es de tipo no fluente, la afasia progresiva reduce poco a poco el ritmo del habla. La escritura y la ortografía también se deterioran. Por el contrario, cuando es de tipo fluente, el discurso se transforma en una jerga incomprensible. La persona tiene dificultades para comprender lo que lee o escucha y ya no logra leer en voz alta ni repetir lo que dice.
  • La afasia global. Es la forma más grave de la enfermedad. La persona no logra expresarse ni comprender a quienes la rodean, ni por escrito ni de forma oral.

¿Cuáles son los síntomas de la persona afásica?

Detectar los signos del trastorno

Ante una persona que tiene dificultades para expresarse espontáneamente, que busca sus palabras o que, por el contrario, suelta un flujo de palabras incomprensible, hay que sospechar un trastorno afásico. Por supuesto, cuando la persona ya solo habla mediante la yuxtaposición de sílabas, invierte las letras y ya no comprende lo que se le dice, es urgente consultar a un especialista.

A continuación, una lista no exhaustiva de los síntomas reveladores de la afasia en niños y adultos:

la construcción de las frases se reduce al mínimo, del tipo «ir casa»,

  • el vocabulario es muy limitado,
  • la pronunciación se altera,
  • la escritura se deteriora (ortografía y construcción de las frases),
  • la comprensión se deteriora,
  • la articulación y la pronunciación empeoran,
  • el discurso se vuelve indescifrable.

Establecer un diagnóstico

Según la gravedad del caso, el médico de cabecera puede ser el primero en sospechar una afasia. En caso de accidente, será el médico de urgencias quien detecte una afasia brusca. En todos los casos, el diagnóstico lo establece un neurólogo. Su resultado debe completarse con la evaluación de un neuropsicólogo, que podrá determinar qué tipo de afasia padece el paciente. Una vez identificada la causa, puede ser necesario un TAC o una resonancia magnética.

Ayudar a la persona con afasia

El tratamiento del trastorno

La causa de la afasia debe tratarse cuanto antes para dar al paciente las máximas posibilidades de recuperar rápidamente el uso del lenguaje. El tratamiento actúa, por tanto, sobre el origen de la afasia y contribuye a mejorar el estado de salud general. ¿Son suficientes estos cuidados? No. La recuperación rápida del lenguaje, tanto escrito como oral, debe ir acompañada de inmediato de una intensa reeducación logopédica. Es durante esta fase cuando las facultades del lenguaje son más maleables. El logopeda trabajará entonces con el paciente para mejorar su comunicación verbal y permitirle restablecer su vínculo social. Para tomar las riendas de su discapacidad y dominar los medios alternativos de comunicación durante el tratamiento, la atención logopédica resulta indispensable.

«No se trata de un aprendizaje ni de un reaprendizaje, porque no hay palabras que el paciente haya olvidado y otras que no. No tiene nada que ver con eso. Es el acceso el que puede producirse o no en función de las circunstancias»

Marie Nogues-Lassiaille, logopeda

Frágil y con una discapacidad, la persona afásica suele temer los desplazamientos, que pueden resultar agotadores o incluso peligrosos. Por eso conviene priorizar la reeducación a domicilio. Con su red de logopedas especializados en afasia, ORA permite a los pacientes beneficiarse de consultas en línea desde cualquier parte del mundo. Citas rápidas y regulares, sin desplazamientos y con profesionales rigurosamente seleccionados: la reeducación logopédica a distancia es la solución idónea para el tratamiento de la afasia.

¿Es la eficacia del tratamiento la misma para todo el mundo? No, ya que depende del origen, la extensión y la localización de la lesión cerebral. La intensidad de la afasia y la edad de la persona afectada son también factores importantes. Por ejemplo, los niños menores de 8 años recuperan el uso del habla y la comprensión incluso si la lesión cerebral es importante. En las personas mayores de 8 años, la recuperación se produce en los tres meses siguientes, con una recuperación total que puede prolongarse hasta un año.

El apoyo en el día a día

Cónyuges, padres y allegados de la persona con afasia también tienen un papel que desempeñar. Al optar por dirigirse al niño o al adulto con frases cortas y sencillas, que solo requieran una respuesta de sí o no, los intercambios resultarán menos frustrantes. No hay que dudar en repetir la misma información de forma distinta para asegurarse de que el paciente pueda comprenderla. Para facilitar la conversación, es preferible eliminar los ruidos de fondo que puedan dificultar los intercambios. Por último, las posibilidades de comprender y de ser comprendido por una persona afásica son mayores si esta habla con un solo interlocutor a la vez.

¿Qué consecuencias tiene un trastorno de afasia?

La afasia no suele implicar ninguna otra complicación para la persona afectada. Cuando el trastorno del lenguaje y de la comprensión aparece (de forma brusca o progresiva), se estabiliza rápidamente y va remitiendo poco a poco hasta desaparecer gracias a un seguimiento logopédico sólido. La gravedad de las manifestaciones de la afasia y la edad del paciente influirán en la calidad de la recuperación, pero la capacidad de hablar, escribir y comprender casi siempre se recupera. Cabe destacar que la juventud es una gran ventaja: los niños se recuperan, en efecto, mucho más rápido que los adultos de una afasia.