La fobia escolar, a veces llamada rechazo escolar ansioso, afecta a muchos niños y adolescentes. Detrás del «¡No quiero ir!» suelen esconderse miedo, estrés o ansiedad. Comprender las causas de la fobia escolar y adoptar las estrategias adecuadas permite a los padres acompañar a su hijo con más serenidad.
Dentro de unos días, miles de alumnos volverán al camino del colegio, del instituto. Mientras que muchos están impacientes por reencontrarse con sus amigos, con una profesora que les gusta, otros frenan en seco solo con la idea de volver: «¡No quiero ir!»
Este rechazo puede preocupar a los padres, sobre todo después de un verano sin sobresaltos. Comprender las razones y adoptar las soluciones adecuadas es esencial para ayudarle a vivir este momento con más serenidad.
¿Por qué algunos niños se niegan a volver al colegio?
1- Un mal recuerdo del año anterior
Podríamos empezar reflexionando sobre cómo fue el curso escolar anterior.
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Resultados escolares complicados:
¿Estaban los resultados escolares a la altura del nivel exigido?
¿Recuerda si dificultades de aprendizaje recurrentes obstaculizaron el progreso de su hijo? Si fue así, es fácil entender que no quiera volver a un entorno donde experimenta el fracaso.
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Relación tensa con el profesor
¿Recuerda si su hijo se quejaba a menudo de una maestra que le daba miedo, de un profesor demasiado exigente o hiriente? ¿Quizás le convocaron varias veces en dirección del centro?
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Problemas con los compañeros:
¿Recuerda si su hijo se quejaba a menudo de uno o varios compañeros que se burlaban de él en clase, que le molestaban en el recreo? ¿Quizás se lo contó pero usted no le dio tanta importancia? ¿Quizás su hijo intentó hablar de ello en el colegio pero tampoco se tuvo realmente en cuenta? El acoso o el aislamiento pueden generar una ansiedad duradera.
Algunas claves de comprensión:
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¿Ha oído hablar alguna vez de la teoría de la «indefensión aprendida» desarrollada por Martin Seligman en los años 60?
Hace referencia al hecho de que es fácil convencernos de que somos «malos, vagos, incapaces» si nos lo repiten con frecuencia.
He perdido la cuenta del número de alumnos que me decían, a principio de curso, que eran «malísimos» en dictado. Y, cada vez, yo les respondía:
«Si hay algo que os prohíbo, es decir que sois «malísimos». ¡Nadie lo es!
Dicho de otro modo, si su hijo se ha convencido de que no lo va a conseguir, inevitablemente le faltará confianza en sí mismo, por no hablar de la autoestima. Y, en ese contexto, también podrá adoptar una postura de rechazo hacia el trabajo escolar.
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También hay que tener en cuenta que el cerebro de nuestros hijos no estará completamente maduro antes de los 25 años.
Esto significa que hasta esa edad, le resulta más difícil analizar y tomar distancia frente a ciertas situaciones. Lo que a nosotros, los adultos, nos parece insignificante, puede adquirir para nuestros hijos proporciones nada desdeñables, y por tanto no hay que restarle importancia. Como también le resulta menos fácil regular sus emociones, habrá que tenerlo en cuenta en nuestra forma de comunicarnos con él y comprender que una palabra o un comentario del profesor podrían vivirse mal.
2- Las transiciones escolares generadoras de ansiedad
La semana que viene, su hijo pasa a 1º de Primaria o a 1º de la ESO, o empieza el bachillerato. Como padres, sin duda están encantados por él, repitiéndole lo orgullosos que están.
Pero, ¿qué piensa él? ¿Está contento de dejar la etapa infantil y saber que se hace mayor, que jugará menos y trabajará más? ¿No le preocupa entrar en un centro con un horario que combinar, muchas asignaturas y profesores distintos? ¿No le angustia la idea de incorporarse a un instituto con muchos alumnos, sobre todo cursos con grupos numerosos?
Algunas claves de comprensión:
Aquí también, la idea es tranquilizar a su hijo: decirle que están ahí para ayudarle, para acompañarle. También puede contarle que, como adulto, uno también puede enfrentarse a este tipo de aprensión, por ejemplo al empezar un nuevo trabajo. No dude en compartir con él recuerdos, anécdotas, para que tome conciencia de que ustedes también fueron niños y que lograron superar sus miedos.
3- La adaptación a un nuevo centro
A veces, no es tanto el cambio de curso lo que puede estresar a su hijo. Quizás se han mudado, o por una u otra razón, lo han matriculado en un nuevo colegio. No siempre lo verbaliza, pero, ¿está seguro de que se siente tranquilo con este cambio?
Algunas claves de comprensión:
En efecto, nuestros hijos no siempre se atreven a confiarse, por miedo a molestarnos o preocuparnos. Sin embargo, en el caso de un cambio de centro, ¿quizás podrían anticiparse? Hacer el trayecto con ellos antes de empezar el curso para reconocer el lugar, los tiempos de trayecto, los medios de transporte. Les agradecerán el tiempo que dedican para ellos, con ellos. Ahora bien, si ellos no están preocupados, no les obliguen, no vaya a ser que les encuentren «pesados y agobiantes».
4- La difícil separación después de las vacaciones
El verano toca a su fin y acaban de vivir multitud de momentos de complicidad con su hijo; estaban disponibles, tenían tiempo para jugar, para los mimos… ¿Quién podría reprocharle que tema separarse de sus padres, que no quiera que termine ese paréntesis feliz?
Algunas claves de comprensión:
¡La vuelta no siempre es fácil, ni para ellos ni para ustedes! Han vuelto al trabajo con todo lo que eso implica, ellos vuelven al colegio y a veces regresan cansados y agitados, a menudo con deberes que hacer…
Para suavizar esta transición, podrían reservarse cada día un pequeño momento especial con su hijo, un momento en el que realmente escuchan y están disponibles.
En resumen: ¿Cómo ayudar a un niño que no quiere ir al colegio?
- Escuche sin minimizar sus emociones.
- Busque las causas profundas (relacionales, pedagógicas, emocionales).
- Trabaje su confianza en sí mismo mediante el ánimo y el reconocimiento.
- Colabore con el colegio (profesores, psicólogos escolares).

