Colette nunca ha tenido retraso del lenguaje. Incluso tiene un vocabulario muy elaborado para una niña de 3 años. Sin embargo, desde hace algunas semanas, tartamudea cada vez más a menudo. «¿Por qué mi hijo ha empezado a tartamudear?» Es a menudo una pregunta cargada de culpabilidad que se hacen los padres en estos momentos. La omnipotencia parental suele asimilar la tartamudez a un error educativo, una falta de vigilancia que estaría en el origen de este trastorno. Sin embargo, por complejo y misterioso que sea la tartamudez, una cosa es segura: ¡los padres sois inocentes! Eso sí, hay que tener cuidado de no cultivar un terreno propicio para su desarrollo. Entonces, ¿cuáles son los orígenes y las causas de la tartamudez? ¿Y cómo se manifiesta?

Definición de la tartamudez

Es un trastorno del neurodesarrollo cuyas primeras manifestaciones aparecen muy pronto en el niño, a partir de los 3 años cumplidos. Considerado un trastorno motor del flujo del habla, se traduce en una verdadera dificultad para hablar. No se trata de un retraso del desarrollo, todo lo contrario. Los niños que tartamudean suelen ser niños que quieren hacer las cosas demasiado bien. Se hablará más de trastorno de la comunicación que de trastorno del lenguaje, ya que no dificulta el aprendizaje de la lectura.

Esta afectación del lenguaje es duradera y fluctuante. Aunque surge durante el periodo de desarrollo del habla, la tartamudez rara vez se confunde con las vacilaciones y los tropiezos normales del habla del niño pequeño. Conviene, no obstante, asegurarse de que los bloqueos y las repeticiones de sonidos, sílabas o palabras no son simples balbuceos normales antes de consultar.

En el 90 % de los casos, la tartamudez aparece antes de los 5 años

Un trastorno complejo

Además de ser molesta para el niño y su entorno, ¡la tartamudez es inconstante! Más concretamente, la persona que tartamudea puede expresarse de forma bastante fluida según el interlocutor al que se dirige, cuando está sola o incluso cuando canta. En el niño, además, es frecuente que el trastorno sea casi inexistente en casa, pero que se manifieste con fuerza en clase. Por último, mientras que afecta a alrededor del 5 % de los niños de 2 a 6 años, la tartamudez solo afecta al 1 % de los adultos. Datos que hacen que el trastorno sea difícil de controlar.

Orígenes y causas de la tartamudez

¿Y si no hubiera un único origen, sino varios, para este trastorno del lenguaje? Es, en todo caso, lo que sostienen actualmente los especialistas en tartamudez. Según ellos, la aparición de estos síntomas tendría su origen en multitud de factores propios de cada caso. Más complejo aún, el conjunto de estas predisposiciones podría combinarse entre sí y desembocar en la aparición del trastorno. Uno de los factores que favorecen el desarrollo de la tartamudez es el entorno familiar. En efecto, ligeras disfunciones cerebrales podrían provocar una deficiencia del lenguaje.

«Durante mucho tiempo, y así se interpretan los síntomas en El discurso del rey, se creyó que la tartamudez tenía una causa exclusivamente psicológica. Hoy sabemos que eso no lo explica todo. Al contrario, desde hace 5 años se ha descubierto la existencia de una fragilidad de tipo genético que predispone a convertirse en tartamudo.»

Bernadette Piérart, Catedrática Extraordinaria de la Facultad de Psicología y Ciencias de la Educación de Lovaina y especialista en trastornos del lenguaje.

Los logopedas recuerdan, no obstante, que el componente genético, claramente establecido, es solo una predisposición. Después hará falta uno o varios desencadenantes para que aparezca la tartamudez. Por genético hay que entender que generalmente se encuentra un miembro de la familia que sufre o ha sufrido también tartamudez. Un padre o una madre tartamudo multiplica por 3 el riesgo de tener un hijo con las mismas dificultades del habla.

De simples desencadenantes…

Varios elementos favorecen la aparición de los síntomas en el niño. Los trastornos de la adquisición del lenguaje o los problemas psicológicos pueden ciertamente actuar como desencadenantes, pero el entorno también desempeña un papel importante. Una presión parental demasiado fuerte sobre los aprendizajes (habla, control de esfínteres, abandono del chupete…), problemas de socialización en la guardería, con la niñera o dificultades relacionales entre hermanos son otros tantos posibles reveladores de la tartamudez. También puede tratarse de otitis de repetición, o de tapones de cerumen que generarán un trastorno auditivo pasajero y favorecerán la aparición de los síntomas. A veces es el nacimiento de un hermano o una hermana, una hospitalización, una mudanza, un duelo o cualquier otro trauma afectivo lo que desencadenará la tartamudez.

Estas situaciones no son el origen del trastorno, pero combinadas entre sí, provocan sus manifestaciones. Sin un terreno genético predisponente, el niño no desarrollará ningún bloqueo. Estos factores no hacen más que revelar la tartamudez. Por último, hay que prestar atención a la reacción de las personas cercanas al niño. Si se amplifican las frustraciones de no poder decir claramente lo que quiere decir, corre el riesgo de que su trastorno se acentúe hasta volverse invasivo.

«La tartamudez aparece en un periodo ya muy cargado de aprendizaje para el niño pequeño. Si observa reacciones negativas cuando habla (alguien que frunce el ceño, otro que se ríe), esto complicará considerablemente su aprendizaje, transmitiendo la idea de que hablar genera tensiones. Si sus dificultades no se verbalizan de manera tranquilizadora, tendrá la impresión de dejar de ser un interlocutor. Y empezará a dudar de sí mismo.»

Marie-Pierre Poulat, Logopeda

… a los contextos que la perpetúan

Estos hacen que la tartamudez se vuelva crónica, pero también son las palancas de acción de los logopedas para vencer esta alteración del habla. Se trata de conflictos familiares, de un problema de gestión del tiempo en el día a día, de un cambio de ritmo dentro de la familia, de críticas o de reacciones de impaciencia frente al niño que tartamudea. Por parte de los padres, es importante señalar que cuanto más angustiados estén los padres por esta dificultad, más tartamudeará el niño. En estas circunstancias, el niño hará entonces esfuerzos considerables para expresarse bien y perderá sus aptitudes naturales. Así se instala insidiosamente la tartamudez.

Identificación y formas del trastorno

¿Cómo reconocer la tartamudez?

No nos equivoquemos. La tartamudez no es una simple repetición de palabra o sílaba. A diferencia de las vacilaciones del niño que está aprendiendo a hablar, la tartamudez se reconoce por la fuerte tensión que manifiesta el niño en el momento de expresarse. Cuando el habla deja de ser un reflejo automático y el niño piensa de antemano en cómo va a pronunciar sus palabras, los esfuerzos realizados vienen acompañados de bloqueos y accidentes de la comunicación. El niño tartamudo presenta trastornos de la respiración en el momento de tomar la palabra, desvía la mirada y a veces manifiesta fuertes tensiones.

Las diferentes formas de tartamudear

La tartamudez clónica se caracteriza por la repetición de la primera letra o sílaba de una palabra, como «Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-tata se fue en coche.» o «y-y-y-y-y-y-yo no sé dónde se fue.» A veces, es un sonido el que se prolongará largamente: «ppppppppppppuedes atarme el cordón por favor.»

En algunos casos, se repite entera una palabra o un pequeño grupo de palabras: «Sabes, sabes, sabes, sabes, sabes, yo ya tengo 4 años.

Por último, también ocurre que la tartamudez se traduzca en un intento de pronunciar una palabra, pero que no salga ningún sonido de su boca.

La tartamudez tónica, también llamada bloqueo de la emisión, se manifiesta de la misma manera, pero con manifestaciones corporales y respiratorias incapacitantes: dificultades para respirar, movimientos del cuerpo, sudores, parpadeos, tics nerviosos faciales…

La tartamudez es un trastorno que afecta con más frecuencia a los niños que a las niñas entre los 2 y los 3 años, y en la gran mayoría de los casos, la tartamudez desaparece por sí sola en unos meses. A partir de los 4 años, se recomienda consultar a un logopeda para determinar los factores desencadenantes. La reeducación del niño va acompañada de una guía para padres cuya puesta en práctica es esencial para el tratamiento del niño.