La crianza es un ejercicio de equilibrista, en el que hay que combinar la escucha del niño, el respeto de sus necesidades y los límites estructurantes indispensables. Las dudas son numerosas y el «buen» enfoque educativo, plural. Ante un niño con DYS, TDAH o TEA, el abanico de preguntas se amplía, con recomendaciones a veces contradictorias, lo que complica aún más el panorama. Pero debes saber que la guía parental puede aportarte bienestar y tranquilidad. Te lo explicamos.

¿Qué es la guía parental?

La guía parental designa el conjunto de consejos e información que ofrecen a los padres los profesionales sanitarios, para ayudarles a desarrollar su propia estrategia educativa. Este acompañamiento se nutre de la diversidad de los profesionales implicados: psicólogos, logopedas, psicomotricistas, educadores, etc.

La gran variedad de disciplinas involucradas permite aportar una experiencia propia de cada ámbito, para ofrecer a los padres una orientación o pistas que explorar. Así pueden adquirir herramientas, competencias y técnicas esenciales para su papel educativo. Para favorecer una crianza positiva, tiene en cuenta cada situación familiar y la etapa de desarrollo del niño.

Al mismo tiempo, la guía parental también puede ofrecerles un apoyo puntual ante una dificultad, como ayudar a un niño con DYS (discalculia, dislexia, disortografía…), TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad) o TEA (Trastorno del Espectro Autista). Ten en cuenta que se trata de un enfoque recomendado por la Alta Autoridad de Salud francesa (HAS) en el caso de los trastornos del neurodesarrollo.

¿Cómo son las sesiones de guía parental?

La guía parental toma la forma de un programa de varias sesiones con el profesional sanitario elegido. Durante estas sesiones, el especialista escucha y toma nota de las dificultades encontradas en la educación del niño y en su relación con los padres. Después podrá aconsejar posturas, competencias que trabajar y estrategias educativas que poner en marcha.

El éxito de este acompañamiento depende esencialmente de la implicación de los padres. A menudo, revela competencias que ya poseen pero que apenas utilizan, ya sea porque el padre o la madre no es consciente de tenerlas, no sabe cómo aplicarlas, o porque la relación se ve alterada por otros factores que impiden ponerlas en práctica.

A lo largo de las sesiones, el profesional anota la evolución y el impacto de sus recomendaciones, sin dudar en ajustarlas si es necesario.

¿Cómo beneficiarse de este tipo de acompañamiento?

Es posible poner en marcha una guía parental con estructuras especializadas como los Centros de Acción Médico-Social Precoz (CAMSP) o los Servicios de Educación Especial y Atención a Domicilio (SESSAD), equivalentes franceses.

Pero los padres también pueden optar por contactar directamente con profesionales formados en este enfoque educativo respetuoso. Si deseas encontrar uno para un encuentro presencial, consulta el directorio de Dys-Positif, disponible en la web de la asociación. Para un seguimiento a distancia, igual de eficaz, puedes ponerte en contacto con un profesional de la plataforma Ora-Visio, especializado en trastornos del neurodesarrollo. Es un paso que vale la pena dar, tanto para el niño como para los padres.