Si entre el 15 % y el 20 % de los niños presentan dificultades de aprendizaje, los trastornos DYS solo afectan al 5-7 % de los niños en edad escolar, y solamente entre el 1 % y el 2 % los tienen de forma grave, con repercusiones en su escolaridad y su vida diaria. Se trata, por tanto, de comprender estos trastornos e identificarlos para, en su caso, tratarlos y así mejorar o compensar las funciones alteradas. En este terreno, recurrir a un equipo multidisciplinar es sin duda una gran ventaja.
Los trastornos específicos del aprendizaje
Los trastornos DYS remiten a dificultades para aprender a leer, escribir, tener buena ortografía, expresarse y/o concentrarse. Según la clasificación internacional DSM-5, la dislexia refleja un déficit en lectura, la disortografía un déficit en expresión escrita y la discalculia un déficit en cálculo. Generalmente, estas dificultades se asocian a un trastorno del lenguaje oral (disfasia), de la coordinación (dispraxia) y de la atención (TDAH o TDA).
En el 40 % de los casos, un niño desarrolla varios trastornos DYS, como la dislexia y la dispraxia, o bien la discalculia junto con TDA(H). Al mismo tiempo, pueden aparecer otras dificultades periféricas, de tipo psicológico (ansiedad ante el rendimiento, falta de confianza en uno mismo…) o conductual (rabietas, mutismo…).
Las ventajas de la evaluación multidisciplinar
Una vez identificados ciertos signos, es imprescindible acudir a un médico para establecer un diagnóstico formal. Al coordinar la síntesis, este puede recomendar una evaluación multidisciplinar, en función de los síntomas del niño. Así, el profesional se beneficiará de un enfoque más detallado, con un aporte específico de cada especialidad.
Solicitada de forma habitual, la evaluación logopédica evalúa el lenguaje, tanto escrito como oral, así como el razonamiento lógico-matemático. Más marginal, la evaluación de terapia ocupacional, por su parte, puede explorar la motricidad y la prensión del niño, las percepciones visuales y táctiles, la organización espacial y la autonomía en la vida diaria. Con una evaluación neuropsicológica, el profesional puede identificar los procesos mentales, poniendo de manifiesto los módulos deficitarios y los módulos competentes. Realizada en forma de entrevista, antes de un examen clínico y de pruebas de cribado, la evaluación neurológica pediátrica también puede aportar información sobre la atención a movilizar, al igual que la evaluación pedopsiquiátrica sobre los trastornos psicoafectivos o psicológicos, como la ansiedad y los estados depresivos.
Hacia una atención adaptada al(los) trastorno(s) DYS del niño
A la luz de estas diferentes evaluaciones, el médico podrá orientarte hacia una atención adaptada. En algunos casos, los trastornos DYS identificados requerirán un seguimiento multidisciplinar, que incluya adaptaciones en el centro escolar al que asiste, el acompañamiento de un AESH (asistente para alumnos en situación de discapacidad) o un AVS (auxiliar de vida escolar).
Llegado el caso, el médico coordinador de la evaluación podrá sugerir una orientación hacia una clase especializada, como las unidades localizadas para la inclusión escolar (ULIS) o las unidades pedagógicas de integración (UPI). Al mismo tiempo, el niño podrá recibir apoyo mediante una reeducación o un apoyo psicológico.
Por último, padres, no dudéis en consultar a los profesionales de la plataforma Ora-Visio, disponibles en línea, para mantener una relación equilibrada con vuestro hijo y apoyaros en los principios de una educación positiva.

