Sea cual sea la naturaleza de su dificultad (lenguaje escrito, matemáticas, gestos…), los niños con trastornos DYS (dislexia, discalculia, dispraxia…) se enfrentan a situaciones de fracaso repetido que dañan progresivamente su confianza en sí mismos. Más allá de las imprescindibles adaptaciones pedagógicas y sesiones de reeducación, es importante restaurarla, para inscribirla en una espiral (por fin) positiva.

Consejo 1: mida la importancia de las palabras que pronuncia

En la escuela, como en la vida cotidiana, los padres y los profesores no siempre son conscientes del impacto de las palabras que dirigen a un niño con DYS. Para empezar, los términos absolutos como «nunca» o «siempre» deben evitarse, para no cuestionarlo en su globalidad, sino únicamente en un comportamiento concreto. En la misma línea, expresiones como «eres malo» o «eres tonto» también dejan huella y merman la confianza de los niños con DYS.

Se trata de introducir «nosotros» en el discurso, para demostrarles que estamos presentes para acompañarlos en las situaciones difíciles. Juntos, buscando una solución al problema, se demuestra que confiamos en ellos y que pueden mejorar. En psicología, «tener confianza en uno mismo es, ante todo, conocerse, creer en su potencial y en sus capacidades».

Consejo 2: valore los logros

Ya sea disléxico, discalcúlico, dispráxico o disfásico, un niño con DYS tiene un cerebro que funciona de forma diferente al de los demás. Esto implica desplegar esfuerzos sostenidos y desarrollar estrategias compensatorias para «encajar en el molde». Es absolutamente esencial valorar cada logro, aunque parezca algo normal para otra persona.

También aquí, la elección de las palabras para felicitarlo es importante: «me alegro de que lo hayas conseguido, estoy muy orgulloso de ti» es la fórmula adecuada para trabajar su confianza. Por desgracia, con demasiada frecuencia se completa con palabras poco afortunadas, como «no era tan complicado» o «ya ves que cuando quieres, puedes», etc. Innecesarios, estos añadidos anulan el cumplido e insisten en que el niño con DYS lo hizo mal las otras veces…

Consejo 3: evite los castigos

En un niño con DYS, el castigo es una maniobra contraproducente y perjudica su confianza en sí mismo. Es preferible recompensarlo, en lugar de privarlo de algo. En la práctica, basta con adaptar el discurso para lograr las mismas consecuencias, sin sufrir los efectos negativos de un marco privativo y desvalorizador. Por ejemplo, «si haces los deberes ahora mismo, luego podremos jugar juntos o ver la televisión», en lugar de «si no haces los deberes ahora, esta noche te quedarás sin tele ni juegos».

No dude en acudir a los psicólogos de la plataforma Ora-Visio, para apoyar sus acciones y reforzar la confianza de su hijo en sí mismo. Esta no dejará de ayudarlo a afrontar sus dificultades escolares y/o cotidianas.