¿Por qué este artículo?
Últimamente he visto varias veces, en la prensa o en redes sociales, artículos sobre el capacitismo (validismo). Confieso que despertó mi curiosidad y quise compartir con vosotros el resultado de mis investigaciones.
Pero, ¿qué es el capacitismo?
Así que empecé buscando la definición de capacitismo en un diccionario de referencia francés: un sistema que convierte a las personas sin discapacidad en la norma social y, por extensión, la discriminación hacia las personas con discapacidad.
El capacitismo (también llamado validismo) designa el conjunto de prejuicios, discriminaciones y violencias, a menudo invisibles, basados en la idea de que las personas sin discapacidad, es decir, sin discapacidad ni particularidad neurológica, serían la norma a la que todo el mundo debería ajustarse. En la escuela, esto puede traducirse en expectativas implícitas: escuchar sin moverse, escribir rápido, comprender las instrucciones de la misma manera, o participar según códigos sociales predefinidos.
Dicho de otro modo, el capacitismo es la idea, a menudo inconsciente, de que ser «válido» o «neurotípico» es la norma y de que todo el mundo debería ajustarse a ella.
Así, si aplicamos esta definición a la escuela, podría traducirse en frases como:
- «Todos los alumnos tienen que hacer el mismo ejercicio de la misma manera.»
- «Un buen alumno es alguien que permanece sentado, atento y en silencio.»
Estas expectativas, a menudo consideradas «evidentes», ponen en dificultad a numerosos alumnos, en particular a los que presentan perfiles neurodivergentes (autismo, TDAH, dislexia, dispraxia, trastornos DYS, altas capacidades, etc.).
¿Y qué es la neurodiversidad?
Una riqueza a menudo mal comprendida
La neurodiversidad designa el hecho de que algunos cerebros funcionan de manera diferente: es el caso de las personas con un TND (Trastorno del Neurodesarrollo), es decir, TEA (Trastorno del Espectro Autista), TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad), trastornos DYS.
El concepto de neurodiversidad reconoce que las diferencias neurológicas no son defectos que corregir, sino variaciones naturales del funcionamiento humano.
En una clase, esto significa que un alumno puede aprender moviéndose, otro haciendo esquemas, otro repitiendo en voz alta… Estas maneras de pensar y de actuar no son «anomalías», sino formas diferentes de interactuar con el mundo.
¿Cómo se manifiesta el capacitismo en la escuela?
- En una pedagogía demasiado uniforme, con una única modalidad de aprendizaje considerada legítima: una sola forma de leer, escribir o expresar los conocimientos.
- En la disciplina: castigar a un niño porque se mueve o aparta la mirada cuando en realidad solo está intentando mantener la concentración es una práctica disciplinaria inadecuada.
- En la mirada que se posa sobre el alumno: considerarlo «perezoso», «maleducado» o «que no está al nivel», en lugar de intentar comprender su funcionamiento y su manera de aprender.
- En la grave falta de personal de apoyo y/o de plazas en centros adaptados: desde el inicio del curso, numerosos alumnos siguen esperando un auxiliar de apoyo (AESH) o una plaza en un centro adaptado.
¿Cómo hacer que la escuela sea más inclusiva?
Una escuela inclusiva no pide a los alumnos que se adapten a un único molde. Es ella la que se adapta a ellos.
Aquí van algunas pistas sencillas:
- Variar los soportes, es decir, aplicar una pedagogía diferenciada: proponer a la vez texto, imágenes, contenido oral, esquemas (mapas mentales).
- Repensar y diversificar los modos de evaluación: permitir que un alumno explique de forma oral, haga una exposición o un dibujo, en lugar de recurrir únicamente a una prueba escrita.
- Formar a los docentes para reconocer y desmontar sus propios sesgos capacitistas.
- Valorar las competencias de los alumnos neurodivergentes más allá de sus dificultades escolares.
- Crear un clima respetuoso: explicar a los demás alumnos que cada uno tiene sus fortalezas y sus dificultades, y que aprender de forma diferente no es «peor».
- Escuchar a los alumnos y a sus familias: son quienes mejor conocen sus necesidades.
¿Por qué es importante?
Luchar contra el capacitismo en la escuela no consiste solo en ayudar a «algunos alumnos». Consiste en ofrecer a todos un entorno más justo, más creativo y más respetuoso.
La diversidad de formas de aprender y de pensar es una oportunidad: prepara a los niños para vivir en una sociedad en la que cada uno tiene su lugar y puede aportar a su manera.
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