« Pocos minutos antes de su reunión de trabajo, su dosier de presentación ha desaparecido. La impresora está averiada, es imposible imprimir uno nuevo. Agotado tras la noche en blanco que pasó preparando esta reunión, se siente sobrepasado. La situación le parece inmanejable, no se le ocurre ninguna solución. Esto le estresa todavía más. Ya no consigue pensar con claridad ni tomar perspectiva, y el círculo vicioso se intensifica. » Acaba de vivir el día a día de un niño con un trastorno disejecutivo. ¿Qué es el síndrome disejecutivo? ¿Cómo reconocer sus síntomas? ¿Qué se puede hacer para ayudar a un hijo con este trastorno? Un análisis en profundidad de este trastorno del neurodesarrollo.

Definición del síndrome disejecutivo

El sistema ejecutivo se encarga de la planificación, la supervisión y la gestión del pensamiento y del comportamiento. El síndrome asociado es, de hecho, un fallo de este sistema. Los niños afectados muestran falta de iniciativa, un déficit de inhibición, problemas de estrategia y dificultades de memoria de trabajo. El síndrome disejecutivo puede asociarse a trastornos de la atención y a una falta de confianza en uno mismo.

Funciones ejecutivas: ¿de qué se trata?

Las funciones ejecutivas reúnen varias capacidades distintas: las estrategias de organización (la capacidad de elegir la acción más pertinente, prever y planificar), las capacidades de inhibición (saber filtrar y controlar ciertas reacciones para adaptar la conducta física o mental) y la flexibilidad mental (poder prestar atención a varios asuntos a la vez y pasar de uno a otro manteniendo el control de la situación). Aunque el síndrome disejecutivo a veces se asocia al TDAH, su ámbito de aplicación es en realidad mucho más amplio que los simples trastornos de la atención.

Es importante tener en cuenta que la inmadurez propia de los más pequeños viene acompañada de impulsividad y de comportamientos parecidos al trastorno disejecutivo. Sin embargo, esto se considera normal en niños de 0 a 6 años. A partir de esa edad, habrá que prestar atención a ciertos signos de alerta.

Las distintas causas del síndrome disejecutivo

Son numerosas las causas médicas y patológicas que pueden provocar trastornos o un síndrome disejecutivo. El trastorno puede aparecer tras un traumatismo craneal, una enfermedad infecciosa o inflamatoria del cerebro (meningitis graves, encefalitis autoinmune, vírica o bacteriana…), una enfermedad metabólica (como la enfermedad de Wilson, por ejemplo), un tumor cerebral, un ictus, una esclerosis múltiple, la aparición de enfermedades neurológicas y genéticas como la epilepsia, o trastornos psicopatológicos.

Cuando no puede identificarse ninguna causa médica, se dice que el origen del síndrome disejecutivo es «constitucional».

¿Cómo detectar el síndrome disejecutivo?

Los signos de alerta en la escolaridad

Sean cuales sean las capacidades intelectuales del niño, cuando presenta un trastorno disejecutivo, estas se ven considerablemente debilitadas. No conseguir estructurar sus tareas, tener dificultades para asimilar varias instrucciones a la vez y ser incapaz de mantenerse concentrado en su objetivo son disfunciones que agotan al alumno, ya que le exigen un esfuerzo enorme. Por desgracia, este trabajo cerebral adicional es invisible, y se hablará erróneamente de falta de voluntad del alumno. Una doble penalización para el niño que se esfuerza por hacerlo bien sin conseguirlo. Falta de iniciativa, déficit de atención, obstinación mal interpretada, aislamiento debido a un mal control de la inhibición… son signos que hay que tener en cuenta.

¿Qué atención recibe el niño para tratarlo?

Para establecer un primer contacto, hay que avisar al servicio psico-médico-social del colegio (o equivalente). A continuación, corresponderá al neuropediatra o neuropsiquiatra realizar una evaluación rigurosa antes de poder establecer un diagnóstico. Las pruebas estandarizadas se adaptarán a la edad del niño y suelen ser pruebas de estrategia. Tras esta primera evaluación, y según las manifestaciones específicas del síndrome disejecutivo del niño, el médico/pediatra decidirá qué otras pruebas hay que realizar. Los padres también podrán solicitar adaptaciones específicas, en particular preparar un expediente MDPH (organismo francés de discapacidad).

Ayudar a mi hijo con un síndrome disejecutivo

El tratamiento del trastorno disejecutivo.

Se trata de una atención terapéutica a cargo de un psicólogo, un logopeda y/o un terapeuta ocupacional. Las sesiones de terapia conductual y de remediación cognitiva permitirán que el niño aprenda a estructurar, planificar, mantenerse concentrado y corregir su comportamiento. Esta reeducación actúa sobre dos aspectos: saber crear una rutina, ¡pero también saber salir de esa rutina sin perderse!

Para los niños con un trastorno leve a moderado, la reeducación se centrará en la resolución de problemas, el autocontrol, la identificación de un objetivo y la planificación de las etapas antes de llegar a la solución. Las sesiones también permitirán al niño apropiarse de conceptos mediante la repetición y almacenar más fácilmente esta información al hacerla familiar.

Cuando la disfunción ejecutiva es demasiado grave, será necesario adaptar el entorno del niño para facilitar su desarrollo y compensar sus déficits. Crear carteles visuales, usar una agenda y recurrir a apoyos externos son buenas formas de ayudar a un niño con trastornos disejecutivos.

¡La regularidad es sinónimo de éxito!

Como en todos los tratamientos de los trastornos DYS, la constancia es indispensable para obtener buenos resultados. Para poner todas las posibilidades del lado de los padres y sus hijos, la plataforma de teleconsulta ORA pone a disposición logopedas y psicólogos infantiles cualificados en trastornos disejecutivos. Estos profesionales sanitarios ofrecen citas en línea para paliar los desiertos médicos de ciertas zonas geográficas y acercar estos servicios a las familias que viven lejos de una consulta. Una solución práctica que permite garantizar un seguimiento sin desplazarse a la consulta, las consultas en línea están abiertas a todos los padres con falta de tiempo o sin profesionales cerca de su domicilio.

Aligerar el día a día de su hijo

En el día a día, los padres también pueden crear nuevos rituales tranquilizadores, acompañar las actividades de sus hijos y animar sus esfuerzos. Aquí tiene algunos ejemplos de actitudes que adoptar con un niño que padece síndrome disejecutivo:

  • Combatir la mala organización:

Establecer un horario para su jornada.

Proponer actividades muy estructuradas, con etapas claramente definidas.

Mostrar el plan detallado de la actividad en el soporte que utiliza el niño (mesa, escritorio).

Felicitar cada muestra de organización y cada pequeño logro, sin esperar a un buen resultado final.

  • Actuar contra la falta de iniciativa:

Limitar el número de opciones propuestas cuando le falten ideas para realizar una actividad.

Pedir regularmente la opinión del niño sin exigirle una respuesta.

  • Encauzar la impulsividad:

Establecer una pequeña pausa cuando el niño ya no controle la situación. Proponerle realizar una acción sencilla.

Definir una tabla de autocontrol de su impulsividad para que pueda autoevaluarse.

  • Facilitar su memoria de trabajo:

Proponer tareas únicas y evitar dar varias instrucciones a la vez.

Acompañar cada instrucción con un objetivo claro y preciso.

Alternar actividad dirigida y descanso.

Autoestima y éxito profesional con un síndrome disejecutivo

Trabajar la confianza en uno mismo

Con fracaso escolar y resultados muy inferiores al esfuerzo realizado, la autoestima queda seriamente dañada. Si a esto se añade el juicio erróneo de padres o profesores convencidos de que el niño no se esfuerza lo suficiente para lograrlo, hay pocas probabilidades de que el alumno mantenga la confianza en sí mismo. Valorar al niño, resaltar sus logros y animarle son un buen punto de partida para restablecer la confianza en sí mismo del niño con trastorno disejecutivo. También resulta beneficioso explicarle claramente que él no tiene ninguna culpa de esta situación incapacitante y que puede mejorar un poco más cada día.

El futuro profesional de una persona con trastornos disejecutivos

Con una reeducación regular y rigurosamente seguida, las disfunciones ejecutivas irán disminuyendo. En la edad adulta, la elección profesional deberá tener en cuenta, lógicamente, el nivel de dificultades que persisten a pesar de todo. Esto facilitará la integración social y profesional de la persona con el síndrome. Las sesiones con un psicólogo especializado suelen ser necesarias para lograr aceptar esta diferencia y gestionarla en el entorno laboral, fuera del contexto tranquilizador del hogar o del ámbito educativo.

El camino de la familia y del niño con un trastorno disejecutivo está lleno de obstáculos. El apoyo psicológico también resulta a veces necesario para unos padres que se sienten desbordados. La educación positiva, un sistema de puntos y revisar sus propias exigencias son algunas pistas para los padres que atraviesan esta prueba. Sin embargo, es importante tener presente que un niño bien acompañado podrá desarrollarse feliz, ganar seguridad y perseguir sus sueños con ambición.