Dispraxia: ¡las adaptaciones específicas en la escuela son de matrícula!
Ese alumno que no sabe hacer un puzle, que no sabe usar unas tijeras ni una goma de borrar, y cuyos cuadernos parecen borradores arrugados no es simplemente torpe. ¡Es dispráxico! Inteligente, curioso y receptivo, pierde sin embargo un poco más de confianza en sí mismo cada día. ¿Y si bastara con algunas adaptaciones en la escuela y en casa para devolver a estos niños el placer de ir al colegio?
Recordatorio sobre las particularidades de la dispraxia
Definición del trastorno.
Se trata de una disfunción del neurodesarrollo que impide a los niños afectados realizar gestos intencionados, coordinarlos y planificarlos con un objetivo concreto. La dispraxia se define como un trastorno de la coordinación motriz. La automatización de los movimientos se ve muy alterada. No se trata ni de una discapacidad intelectual ni de una discapacidad motriz, visual o auditiva.
Los impactos psicológicos y escolares.
En el día a día, el niño dispráxico resulta, por desgracia, muy torpe. Se cae a menudo, rompe sus juguetes, no come con limpieza y no logra atarse los cordones. Fracasa y se agota justo donde sus compañeros, hermanos y hermanas aprenden a encajar piezas de Lego, a nadar o a montar en bicicleta. En la escuela, el aprendizaje de la escritura resulta laborioso. Reproducir formas gráficas sencillas, sacarle punta a un lápiz o trazar una línea recta son pruebas que le absorben toda la energía. La aritmética, la geometría, la lectura, la ortografía, la mímica y el deporte también se ven muy afectados. En cuanto al resultado, nunca está a la altura del esfuerzo realizado. Estas dificultades perjudican su autonomía y provocan una aparente inmadurez. Angustiado e infeliz, el niño dispráxico puede desarrollar un estado depresivo que llegue hasta el aislamiento. ¡Condiciones bastante pesadas para la autoestima y la confianza en uno mismo!
Adaptar la vida escolar del niño dispráxico.
La paciencia y la comprensión deben ser las palabras clave del entorno. Junto con el seguimiento en terapia ocupacional, en psicomotricidad, en ortóptica y, si es necesario, en psicoterapia, los padres y los profesores tienen un papel esencial que desempeñar. Cuando el trastorno es grave, el niño debe ser reconocido oficialmente como persona con discapacidad ante la MDPH (organismo francés de referencia para la discapacidad). Así podrá beneficiarse de ayudas en la escuela (plan de escolarización personalizado, auxiliar de apoyo…) e incluso incorporarse a una unidad especializada en los casos más graves. Aquí tiene algunos ejemplos de adaptaciones pedagógicas y consejos de acompañamiento parental para ayudar a estos alumnos en su camino hacia la autonomía y el bienestar.
«Estos niños no son ni perezosos ni inmaduros. No buscan esta situación de dependencia que sufren. Hay que ayudarlos sin humillarlos.»
Dra. Michèle MAZEAU, especialista clínica en neuropsicología infantil.
Algunas ideas de posibles adaptaciones en clase
Esta diferenciación pedagógica permite hacer accesibles los aprendizajes y ofrecer al alumno un apoyo en momentos concretos. ¡Todo un programa destinado a restablecer el equilibrio y facilitar el tiempo que pasa en la escuela!
Mejorar el día a día con algunos principios:
- Identificar los puntos fuertes del niño, valorarlos y apoyarse en ellos para darle confianza.
- Ser comprensivo con su lentitud y su cansancio.
- Evitar multiplicar las peticiones; al contrario, dar una sola instrucción a la vez.
- Fomentar en la medida de lo posible su autonomía, sin ponerlo en situación de fracaso.
- Ahorrarle etapas que no logra realizar.
Facilitar la lectura:
- Usar marcadores fluorescentes de colores distintos para indicar el principio y el final de cada línea.
- Usar soportes adaptados, despejados, sin elementos que distraigan alrededor de las instrucciones.
- Delimitar los pasajes que hay que leer para reducir su esfuerzo.
- Leer las preguntas de comprensión del texto antes de la lectura.
- Utilizar soportes de audio para la lectura.
Sortear las dificultades de escritura:
- Reducir la escritura a mano utilizando letras magnéticas (en primaria)
- Preferir la letra de imprenta a la letra cursiva.
- Evitar que el alumno tenga que copiar el temario y proporcionarle materiales fotocopiados claros y despejados.
- Priorizar las respuestas orales en la mayoría de las situaciones.
Simplificar los gestos y la planificación:
- Recordar darle un plan.
- Informarle sobre los contenidos y su reparto claro en el tiempo.
- Animarlo a formular y verbalizar sus gestos para que descomponga y jerarquice sus acciones.
Facilitar la ubicación en el tiempo y el espacio:
- Proporcionarle un horario claro, de colores y poco cargado.
- Limitar deliberadamente el tiempo asignado a las tareas por realizar.
- Establecer rutinas de clase.
Cuidar su capacidad de atención y de memorización:
- Colocarlo lejos de los alumnos inquietos y del ruido.
- Establecer una señalización clara para los desplazamientos.
- Elegir presentaciones en diapositivas para estructurar el desarrollo.
- Fijar objetivos claros divididos en secuencias.
- Tomarse el tiempo de reenfocar al alumno.
- Alternar actividades en grupo e individuales.
- Permitir al alumno grabar la clase con su móvil o su reproductor MP3.
Adaptar las evaluaciones:
- Adaptar las evaluaciones para que puedan realizarse de forma oral, con el fin de valorar los conocimientos del alumno sin la barrera de su discapacidad.
- Aumentar el tiempo asignado para los exámenes y controles, o reducir la cantidad de trabajo pedido.
- Elegir el método de los dictados con huecos o los cuestionarios de opción múltiple para limitar la producción escrita.
- Leer o hacer leer a la clase las preguntas antes de leer un texto o de hacer un control.
Adaptarse en casa: ¡todos ganan!
Es dispráxico, pero sigue siendo un niño, con toda su despreocupación, su imaginación y sus ganas de jugar. ¡No hace falta convertir cada momento en una sesión de rehabilitación! Más allá de los pequeños retos cotidianos, se anima a los padres a multiplicar las situaciones de éxito, los momentos positivos en los que su hijo se sienta cómodo actuando e interactuando. ¡Los niños radiantes hacen padres felices!
Fomentar los juegos de expresión y de descubrimiento.
¡Es hora de las marionetas, los bebés de juguete y las cocinitas! Los juegos de coches, garajes y circuitos, pero también los disfraces y el juego simbólico, son bienvenidos. Según los gustos y la edad de los niños, las consolas y los videojuegos también pueden resultar beneficiosos. El teatro, el cine, la realización de vídeos o fotografías, y ciertas actividades musicales de todo tipo son aficiones muy recomendables para los niños dispráxicos. Sin olvidar las visitas culturales al zoo, al museo, a los castillos… que liberan el corazón y la mente.
Dejar de lado las actividades de motricidad fina y de coordinación.
Algunos juegos y aficiones deben evitarse si el niño no se siente cómodo con ellos. Así, los puzles, los juegos de construcción con un modelo que reproducir, la costura, el dibujo y las manualidades en general pueden ser fuente de frustración para los niños dispráxicos. Al igual que los deportes de precisión, de velocidad o de equilibrio. Todo depende de sus capacidades y de sus gustos.
Anticiparse a las dificultades cotidianas.
Ayudar a su hijo también significa evitarle situaciones frustrantes o humillantes. La palabra clave es: anticipación. Una vez establecido el diagnóstico, es responsabilidad de los padres avisar a las personas presentes en la vida de su hijo para que eviten meteduras de pata y le faciliten la vida con tacto y discreción. Esto afecta a las comidas, en las que conviene cortar la carne de antemano u ofrecer al niño una fruta ya pelada en lugar de hacerlo delante de todos sus compañeros. A la hora de la siesta o del deporte, si el niño tiene que desvestirse o volver a vestirse, el profesor debe acostumbrarse a encontrar formas discretas de ayudarlo, aparte de los demás alumnos. Por último, conviene aprender rápidamente, en colaboración con el terapeuta ocupacional, algunas técnicas sencillas para que el niño pueda ir al baño sin temer el momento de volver a vestirse.
Con el apoyo de la familia y de las personas presentes en la vida del joven dispráxico, la discapacidad se lleva mejor y la confianza en uno mismo se restablece considerablemente. ¡El abanico de posibilidades se amplía!

